lunes, 16 de enero de 2012 a las 15:14
Que el modelo clásico de los medios tradicionales está en crisis es algo que, a estas alturas de campeonato nadie duda. En mi época de universitario recuerdo que volvía a casa de la facultad y, antes de comer, empleaba una hora en leerme de cabo a rabo el periódico. Sólo perdonaba las necrológicas. Hoy empleo unos 30 minutos a primera hora de la mañana y habré ojeado titulares de 5 o 6 publicaciones y leído entre 10 y 20 artículos con mayor profundidad. Y todo esto con mejor selección de temas, más profundidad y mucha más diversidad. Creo que no soy el único.
La pérdida del oligopolio
Lo primero que ha sucedido ha sido la pérdida del oligopolio sobre la difusión de información. En el pasado eran pocos los que podían permitirse las inversiones necesarias para poner en funcionamiento un medio de comunicación. No hay que ver las pérdidas que han acumulado los dueños del diario Público en su empeño de lanzar un medio a la antigua usanza. Hoy cualquiera puede abrir un blog y contar lo que tenga que contar. Obviamente muchas publicaciones no tendrán calidad o no serán relevantes (pura ley de Sturgeon). Sin embargo, de entre todas esas publicaciones surgen algunas especializadas y de alta calidad, que rivalizan con las publicaciones tradicionales y las superan en adaptación al medio y en capacidad de conexión con sus comunidades de usuarios.
La ruptura del bundle
Parte del secreto de los medios era el empaquetaje conjunto de distintos tipos de contenidos que se consumían conjuntamente pero que podían tener niveles de calidad dispares y, sobretodo, capacidades de generar ingresos y rentabilidades también muy diferentes. En un entorno de abundancia de contenidos y de facilidad de acceso a los mismos, cada lector elige qué temas le interesan más, lee mucho sobre ellos pero de las mejores publicaciones que existen. No se queda a leerse la sección de deportes de una cabecera si sabe que hay otras mejores. Esta selección de contenidos entre multitud de soportes quiebra la capacidad de subsidio cruzado que tenían los grandes medios. El clásico ejemplo de cómo los anunciantes de motor acababan pagando los costes del corresponsal en Beirut. Si las publicaciones especializadas en motor se llevan esos anunciantes, ¿quién queda que pague al corresponsal? Porque las agencias de viajes a Oriente Medio no van a ser.
La especialización y los amateurs
El periodista tradicional era generalista por necesidad. Podía escribir sobre cualquier cosa. Esto tenía sentido en el modelo de oligopolio, escaso número de medios y papel de estos como mediadores de la realidad. En el contexto actual infinidad de expertos sobre las más variadas temáticas cuentan e interpretan la actualidad con mayor conocimiento y mayor pasión que el clásico periodista generalista, que queda en franca desventaja.
El papel de los antes conocidos como audiencia
Los antiguos lectores se agrupan ahora en comunidades de intereses comunes en torno a las publicaciones que cubren sus intereses, comparten su pasión y les permiten participar en su discusión. Dado un cierto nivel de audiencia, siempre hay alguien leyendo que sabe más que tú. Y en las comunidades de intereses especializadas hay bastantes. Los nuevos medios online les permiten participar en la creación del producto final, que es mezcla de lo que escriben los autores y de lo que añade la comunidad de lectores.
La pérdida de la independencia
El contacto continuo con los poderes político y económico, así como su dependencia de ambos ha hecho que poco a poco se haya erosionado ese papel de cuarto poder controlador de los tres anteriores que ostentaba la prensa. Esto, unido a la persecución de la objetividad entendida como la transcripción neutra de la realidad, o más bien de lo que ciertos actores quieren contar de ella, sin entrar a juzgar si lo que dicen es verdadero o no, como denuncia una vez más Paul Krugman hoy en el NYT.
La quiebra del modelo económico
Todo esto provoca una enorme crisis de modelo de producto primero y de modelo económico después. Acentuada por la emergencia de medios sociales en internet y apuntillada por la crisis económica. Los niveles de lectura de medios en papel caen constantemente. En ciertas franjas de edad es complicado encontrar lectores habituales de periódicos. La migración de los lectores a internet está siendo acompañada, a un ritmo más lento, pero igual de irreversible, por el abandono de los anunciantes. Si no es 2011 será 2012 el año que vea cómo la inversión publicitaria en internet supera a la de la prensa.
Los medios tradicionales que han apostado tarde, desordenadamente y en muchos casos con desgana por el medio online, se encuentran con que los ingresos allí no son tan altos como en el papel, y encima han crecido los enanos. Multitud de pequeños medios nativos, mucho más conocedores del entorno, mucho más flexibles, rápidos y con estructuras de costes mucho más ligeras. Y todos esos pequeños medios también compiten por los ingresos publicitarios. Hay menos y somos más para repartir.
Cuando la monetización mata la distribución
Algunos, azuzando el manido “el todo gratis no puede ser”, intentan montar sistemas de pago para que los lectores paguen por el producto editorial que tanto cuesta hacer. Sólo que el entorno ha cambiado. Estamos en un nuevo entorno de abundancia dónde lo escaso no es el producto editorial sino la atención de la audiencia. Por mucho que yo crea que mi producto es “calidad 100”, ahí fuera hay unos cuantos que tienen el mismo producto en “calidad 80”. Que para mí será un mundo, pero para buena parte de la audiencia es equivalente. Si me empeño en poner barreras, las alternativas que tiene el lector al alcance del ratón son casi infinitas. Y eso sin entrar en si efectivamente el producto por el que pretendo cobrar merece realmente la pena o si estoy intentando que los lectores paguen por mis ineficiencias o por lujos que se han vuelto insostenibles.
Ya no leo como leía
Algunos han visto las tabletas como su tabla de salvación. Piensan que en un entorno más “controlado”, los lectores se darán cuenta de su error y pagarán religiosamente. En lo que no han caído es en que los mecanismos de búsqueda, selección y consumo de información han cambiado. La marca y la portada como caminos de entrada a los contenidos de un solo medio leído por una audiencia diaria y casi mono consumo empiezan a ser superados por otros tipos de procesos: la lectura en diagonal de múltiples portadas; el uso de agregadores de información; de filtros sociales; las recomendaciones; las entradas desde buscadores o desde enlaces en otras publicaciones sin pasar por portada. El lector medio de internet es muchísimo más promiscuo que el de papel. Lee más publicaciones y es más selectivo y más crítico. Se informa desde más fuentes. Selecciona mejor qué lee. Es más dueño de su dieta informativa y menos dependiente de lo que le propone el medio. En un entorno así es difícil pensar en usuarios instalándose aplicaciones de todos los medios que siguen. Y mucho menos pagando por todas ellas. No digo que no se dé, pero no sustituirá a la lectura trasversal en navegadores o aplicaciones multimedio (tipo Flipboard o Zite).
¿Desaparecerán los medios?
En absoluto lo creo. Sí creo que los medios impresos perderán centralidad y buena parte de su influencia (tras perder la audiencia primero y los ingresos publicitarios después). Seguirán existiendo pero con un papel reducido (valga la redundancia). Sobrevivirán aquellos medios que mejor se adapten al entorno online. Que entiendan quién es su público y mejor sepan dárselo. Que construyan el producto con él. Y que sepan introducir a las marcas en ese juego de forma creativa, respetuosa, transparente y productiva para todos. O que sepan inventar otras fuentes de ingresos, que también vale.
Obviamente no tengo la fórmula definitiva. Pero es en lo que intento trabajar todos los días.
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Evolución Digital,
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viernes, 29 de julio de 2011 a las 02:07

Hace unas horas desde su propia página web, Betazeta, la red de blogs chilena, anunciaba la entrada en su accionariado del Grupo Copesa. Según cuentan, el grupo de medios, que publica en Chile el diario La Tercera, ha adquirido un 20% de la sociedad por 3 millones de dólares, lo que situa el valor total de la empresa en 15 millones de dólares. Se trata de una operación mixta con una parte de ampliación de capital y otra parte de compra de acciones a los actuales propietarios.
Betazeta es una red de blogs de creación relativamente reciente (cumplen 3 años en agosto), con 13 publicaciones especializadas fundamentalmente en tecnología y estilos de vida. Según sus propios datos de audiencia reciben unos 7 millones de visitas mensuales (no mencionan usuarios únicos) y unos 15 millones de páginas vistas mensuales. En visitas han crecido un 12% durante el último año, mientras que en páginas vistas no han visto crecimiento. Un 45% de su audiencia está en Chile, por un 12% en España y un 10% en México. Tienen sede en Chile, una oficina en España, y anuncian abrir otra en México próximamente. Entre sus publicaciones más conocidas están el blog tecnológico Fayerwayer, que también tiene versión Brasil, y la comunidad de hardware CHW.
Lo primero es darle la enhorabuena a sus fundadores, a los que no conozco personalmente aunque nos seguimos mutuamente desde hace tiempo. Lo segundo, unirme al análisis que de la operación hace Mariano Amartino, Director de Hipertextual. Opino como él que aunque técnicamente seamos competidores de Hipertextual y de Betazeta, en la práctica nuestros competidores son los medios tradicionales, y nosotros somos, más bien, empresas que comparten una visión razonablemente similar sobre la evolución de la información especializada en internet.
Me parece especialmente interesante que un grupo de medios tradicional invierta en uno de medios digitales asumiendo sólo una participación minoritaria. Como apunta Mariano: “la compra es buena porque es estratégica para su presencia web en su mercado principal”. No se trata de una compra para entrar en un segmento en el que no estaban, sino mucho más probablemente una apuesta por reforzarse en el núcleo de su negocio. Esto coloca al grupo de La Tercera en muy buena posición respecto al Mercurio. Cuando se producen cambios disruptivos, como se están produciendo sin duda en el mercado de los medios, los grandes son lentos en reaccionar, y suelen ser empresas de nueva creación las que ven y explotan las nuevas oportunidades. De estas muchas no sobreviven, fundamentalmente por deficiente ejecución del modelo de negocio. De las que si lo hacen algunas acaban siendo adquiridas por los grandes que reaccionan y pocas, muy pocas, entran en solitario a formar parte de las grandes empresas de su sector. Entre los tradicionales, pues, hay quien reacciona relativamente rápido y adopta internamente el nuevo modelo, quien tarda algo más, pero se reposiciona comprando y quien llega tarde y mal y acaba fuera de juego.
Un último apunte. No me canso de repetir que las valoraciones no se hacen por usuarios o por páginas vistas, sino por ingresos, beneficios y perspectivas de crecimiento. Ahora, por si alguien quiere el dato, en Weblogs SL en junio tuvimos casi 19 millones de usuarios únicos, 36 millones de visitas y 65 millones de páginas vistas (datos de Google Analytics).
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miércoles, 20 de octubre de 2010 a las 12:29

Enlazar es una de las prácticas claves de Internet. Sin el enlace seguiríamos en la época del Telnet y del Gopher, de ir a visitar los servidores de cada sitio y que todos fueran compartimentos estancos no relacionados con los demás. El enlace permite añadir capas de información a lo que se está escribiendo, permite dotar las afirmaciones de credibilidad externa, facilita atribuir las fuentes, permite aclarar conceptos, ponerlos en contexto, discutir con lo que se afirma en otros sitios e incluso reirse de quien lo sigue. Por otra parte, el enlace es un componente clave del algoritmo de búsqueda de Google y, por lo tanto, del SEO. Y aquí es dónde pueden empezar a surgir los problemas.
Hasta no hace mucho tiempo nos quejábamos de que los medios tradicionales (legacy media los llaman algunos) no usaban el enlace. No atribuián las fuentes y no enlazan. Ni siquiera en aquellos casos en los que hacían uso generoso del copy paste. Ahora veo que hemos pasado a usar enlaces, pero sólo si son a sí mismos.
He cogido un artículo de hoy del diario AS como ejemplo porque me ha llamado la atención. No pretendo decir que sea una práctica en especial de este diario o que otros no lo hagan. O que no lo hagan muchos sitios de new media. Simplemente me ha parecido un buen ejemplo para ilustrar el caso. En especial porque es un artículo en el que se está reseñando lo que han escrito otros medios sobre el asunto. Y está todo online. Bastaba añadir estos tres enlaces: La Gazzeta dello Sport, Corriere dello Sport y Corriere della Sera, para haber hecho el artículo mucho más rico, mucho más interesante. En vez de eso, lo que hemos hecho es añadir al artículo cinco enlaces que van a otras tantas páginas de AS. El segundo, que lleva a la crónica del partido está más que justificado, los otros cuatro, llevan a índices de diversos términos: Mourinho, Milan, Real Madrid, Ronaldo. En mi opinión ponerlos en el texto, por mucho que pueda tener cierta eficacia SEO, es equivocado. Ya los tienes en las llamadas al lado del artículo. También puedes ponerlos al final del mismo como referencias. Puestos así me pienso que hay algo interesante y nuevo, relativo a esta noticia en ese enlace. Y no es así.
Entiendo que puede ser que esos enlaces internos estén incorporados automáticamente, que estén incluidos en el gestor de contenidos y no sean obra del autor del artículo. Es más, puede incluso que el gestor de contenidos permita eso pero no los enlaces externos. Si así fuera, el caso es todavía peor. Codificamos una mala práctica e impedimos la buena.
Por cierto, y ya que estamos, dónde se pone el enlace (titular o más abajo) o cual es el texto con el que se enlaza (anchor) tampoco es neutro ni indiferente. Ni desde el punto de vista de usabilidad para el lector, ni desde el punto de vista del SEO.
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lunes, 05 de julio de 2010 a las 13:17
Acaban de salir los datos de la segunda oleada de 2010 del EGM, el Estudio General de Medios. La lectura oficial dice que la penetración de Internet (medida en usuarios diarios), sube hasta el 36,8 de la población mayor de 14 años, mientras que la de la prensa baja hasta el 38,8, todavía dos puntos por encima. Pero eso son medias. Yo tuve un profesor de estadística holandés que decía siempre que el holandés medio tenía un pecho y un testículo. Y que como no había visto nunca ninguno así, no se fiaba mucho de las medias.
Si abrimos el dato por rangos de edad nos encontramos que internet supera en penetración a la prensa en todos los rangos hasta los 45 años.

Si miramos la audiencia acumulada, Internet supera a la prensa en prácticamente todos los cortes, incluso considerando toda la población menor de 65 años. Mucho más en los targets comercial (14-54) y core target comercial (14-44).

Pero, además, Internet también supera a la prensa en penetración en público femenino (31,7 contra 31,4) y en clases alta y media alta. Señores, el sorpasso ya se ha producido.
Más información | Segunda Oleada EGM
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viernes, 04 de junio de 2010 a las 13:04
Seguimos con la serie de posts. Tras el inicial y el de los cambios en los hábitos de lectura, ahora toca hablar de los mecanismos de descubrimiento de nuevos contenidos de los usuarios. Vaya por delante que las marcas de medios siguen teniendo un gran valor en este nuevo contexto. Si yo me identifico con una marca, si me gusta los contenidos que me presenta y cómo lo hace, si le reconozco un papel importante para saciar mis necesidades en un área concreta, posiblemente sea el primer lugar al que acuda.
Ahora bien, los usuarios se encuentran con que sus marcas de referencia offline, aquellas que les dan productos de gran calidad fuera de internet, no siempre le dan tan buena calidad online. Por otra parte, como ya vimos en el post anterior, buena parte de los lectores no se conforman con leer sólo un medio sobre sus temáticas favoritas. Y todos las tenemos. Otras veces, ni siquiera tengo una marca en mente cuando me surge una necesidad de información que quiero cubrir. Entonces, ¿qué hago? Lo que hace todo el mundo. Me voy a Google y busco.
Y resulta que en las páginas de resultados de Google no salen primero los sitios de medios reputados (como a alguno le gustaría), sino que salen aquellas páginas que, según el algoritmo de Google resultan más relevantes para la búsqueda en cuestión. Así, si me interesa, por ejemplo, qué vestidos llevaban las invitadas a la Gala de los Oscars de este año, haré esa búsqueda y visitaré dos o tres de los resultados (o veinte si verdaderamente me apasiona). La selección de qué sitios visito la haces fundamentalmente por la posición en la página de resultados (si no estás en la primera no existes) y por el titular y entradilla que se muestra. Bien porque el nivel de coincidencia entre lo que realmente buscas, que puede no coincidir exactamente con lo que has puesto en el buscador, y lo que ofrece el medio en dicho texto sea alto, o bien porque te llama la atención por cualquier motivo. El nombre del medio también aparece, pero, en general, juega un papel mucho menor en la selección de qué leer.
Así llegan todos los días infinidad de nuevos lectores a todos los medios. Lectores que no conocían el sitio, que no lo habían visitado nunca antes. El poder de tu marca con ellos es cero. Lo único que tienes es la calidad de tu producto. De tus contenidos, de tu comunidad de usuarios, de las funcionalidad que ofreces. De todo ello depende, en primer lugar, que satisfagas o no la necesidad inmediata de ese usuario. Si lo haces bien, lo normal es que el lector recién aterrizado, después de leer el artículo en cuestión curiosee un poco más por el sitio. ¿qué otras cosas han publicado sobre este tema? ¿sobre qué más escriben? ¿qué tienen ahora mismo en portada? ¿qué secciones tiene este sitio? ¿cuales son sus mejores contenidos? Ese el el verdadero valor del tráfico de buscadores, su naturaleza de tráfico de descubrimiento. Su capacidad para convertir a paracaidistas en parroquianos.
Eso es, precisamente, lo que permite que sitios relativamente nuevos pero con contenidos especializados y de calidad puedan generar en primer lugar una audiencia relevante online. Y como segunda derivada una comunidad fiel y con ello una marca.

En este gráfico se puede ver la evolución de las visitas a Xataka desde 2006. En rojo está el total, en azul los paracaidistas y en verde los parroquianos. En estos 4 años hemos pasado de un 37% hasta un 77% de parroquianos. Es un dato que ha constado mucho esfuerzo conseguir, del que internamente estamos muy orgullosos y que, además, es superior al de algún que otro medio tradicional. Supone que prácticamente todo el crecimiento de usuarios de los últimos tres años ha sido gracias a nuevos parroquianos. Este es, además, el tráfico que merece la pena. El fiel, el que conoce tu marca, el que valora tus contenidos, el que participa. Y además, no depende de que un día Google cambie su algoritmo en un sentido o en otro. Depende de que tu producto sea cada vez mejor y que de que no te veas superado por otros productos similares de la competencia. Esa es la esencia de nuestro negocio.
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miércoles, 26 de mayo de 2010 a las 22:55
Se acaban de conocer unas declaraciones de Pedro J. Ramírez en las que insiste en que Google tiene que pagarles, como llevan cierto tiempo haciendo desde la asociación de la prensa de papel, la AEDE. En esta ocasión, entre otras cosas, les dedica el cariñoso epíteto de “parásitos sofisticados”. Reproduzco un fragmento íntegro del texto de Europa Press porque no tiene desperdicio:
En este sentido, el periodista reconoce el “valiosísimo” servicio de “intermediación, búsqueda y distribución de contenidos ‘on line’” que realiza Google, pero insiste en que “no puede ser” que el buscador “se quede con el 60 por ciento de la publicidad ‘on line’ en España” y afirma que es como si las empresas de distribución de los periódicos en papel “incluyesen publicidad en las furgonetas”.Para el director de ‘El Mundo’, “una de las debilidades” del nuevo modelo de negocio por Internet es “el monopolio en la distribución” de los contenidos que ejerce Google, por lo que espera que los editores españoles se pongan de acuerdo “muy pronto” para plantear una demanda contra el buscador.
“Google no puede prescindir de los contenidos de los principales periódicos españoles. Va a tener que negociar y compartir con los editores los beneficios publicitarios que obtiene con su actividad como intermediador y distribuidor de contenidos”, concluye.
En este breve texto hay una cantidad de falacias, falsas conclusiones y errores de concepto increibles. Analicemos por partes. ¿Por qué no puede ser que Google se quede con el 60% de la publicidad online? Entiendo que porque a la empresa de Pedro J. y a las de unos cuantos editores más no les gusta. No veo otro motivo. En estas declaraciones, en la reunión con la ministra a principios de mes y en casi cualquier aparición pública de directivos de prensa (yo se lo oí a Angel Expósito de ABC en la mesa redonda que compartimos en el Seminario de Publicidad Online de la IAB la semana pasada), no han dejado de quejarse del papel en el mercado de Google y de reclamar parte de sus ingresos. Y sus argumentos no se tienen, se caen por su propio peso. O bien no han entendido nada de cómo funciona internet y qué hace Google, o bien defienden sus intereses particulares haciéndose los tontos. O incluso las dos cosas.
Las tesis de la AED se basan en que Google tiene un monopolio de la distribución de los contenidos en internet y que, gracias a ese contenido, consigue alzarse con el 60% de los ingresos de publicidad online. Siguen con que esos ingresos son posibles porque Google utiliza los contenidos de los editores, que son tan valiosos y tan caros de producir, para alimentar sus páginas. Y que hace esto sin compensarles a ellos como deberían. En la analogía de las furgonetas de distribución de la prensa ni entro porque es directamente estrafalaria.
Pero resulta que las cosas no son exactamente así. En primer lugar resulta que Google ha desarrollado un servicio muy apreciado por los usuarios de internet (mucho más que los que dan los diarios). Se ha convertido en pocos años, por méritos propios, sin ayuda de nadie, sin partir con una posición inicial, en la principal puerta de entrada a internet de muchísimos usuarios. Ojo, de muchísimos pero ni de lejos de toda la navegación de los usuarios. Muchas visitas se generan vía buscadores, pero también son muchas las que llegan directas y las que llegan de otros sitios de todo tipo distintos a Google. Y últimamente están subiendo mucho las que llegan desde redes sociales. Los datos varían para cada web, pero en ningún caso se puede decir que Google tenga un monopolio sobre la distribución de contenidos (o sobre la generación de audiencias, que sería un término más apropiado).
En cualquier caso, la cuota que tenga de las visitas totales se la ha ganado a pulso gracias a su tecnología y la utilidad que los usuarios derivamos de la misma. Y esto lo ha hecho sin aprovecharse de contenidos de terceros. Google muestra resultados para las búsquedas de sus usuarios y redirige cantidades ingentes de usuarios a las páginas que aparecen en sus resultados. Incluidos los medios de las empresas de la AEDE. Pero, además, los contenidos de empresas de la AEDE son una absoluta minoría en el total de enlaces de Google. Incluso en las primeras páginas de cada búsqueda. Podrían retirarlos en masa (cosa que Google les permite hacer en cualquier momento) y, aún así, las páginas de resultados de Google apenas perderían relevancia. Google no publica los contenidos completos (más que en las páginas de caché), ni sustituye la lectura de los mismos.
El modelo de negocio de Google se basa, principalmente, en los usuarios que ven su búsqueda satisfecha por enlaces patrocinados en vez de por resultados naturales. Y en otra parte por publicar esos mismos enlaces en multitud de páginas web, entre ellas las de varios diarios de la AEDE. Y en ese caso reparte sus ingresos, como acabamos de saber, entregando a sus partners entre un 51% y un 68%. Y eso en los acuerdos estándar. En el caso de algunos editores serán cantidades superiores. En el único servicio de Google en el que los contenidos de la AEDE son predominantes, en Google News (que también manda cantidades ingentes de tráfico a los editores), Google no tiene modelo de negocio. No cobra nada. No ingresa nada. Sigue su clásica estrategia de los bienes complementarios.
Por lo tanto, ni Google tiene un monopolio de la distribución de contenidos, ni este se basa en la utilización ilegítima de los contenidos de los editores, ni es dependiente de estos para su negocio ni tendría la más mínima posibilidad una demanda contra Google por ello. Por mucho que algunos, de forma interesada, hayan intentado azuzar a la AEDE para presentarla.
Pero, para rematar, es que el que Google compartiese sus ingresos de publicidad tampoco iba a resolver los graves problemas de la prensa escrita. No les iba a sacar de pobres. Como comentaba hace unos días en Nación Red:
Pero pongamos que se lleva a la práctica. Pongamos que, efectivamente, el gobierno se las ingenia para poner una tasa a Google. Suponiendo que Google en ese supuesto no opte por cerrar en España y atender el mercado español desde Argentina o México, que ya es suponer. ¿De cuánto dinero estamos hablando? Según el estudio de inversión publicitaria online de IAB, el total del mercado en 2009 fue de 654 millones de euros. De los cuales algo más de la mitad son enlaces patrocinados, osea, Google. Pongamos que son unos 350 millones de euros. Pongamos más bien que la IAB no acierta y que, en realidad, los ingresos de Google en España son mucho mayores, 1.000 millones por usar números redondos. ¿Qué parte de esa cifra de negocio les incautamos? Mirando los cánones que se han puesto a televisiones y operadoras con la historia de la ausencia de publicidad en TVE, un 1% se me antoja plausible. Estamos entonces hablando, en el mejor de los casos, de 10 millones de euros. Alguno dirá que Google también actúa en otros mercados de lengua española. Pero permítanme que lo ignore. No me imagino a Vocento, Unidad Editorial o Prisa convenciendo al gobierno argentino para aplicar allí el mismo régimen.Todo esto, a repartir. Por un lado entre operadoras y generadores de contenidos. Pongamos que 5 millones para los operadores a repartir, y 5 para los generadores de contenidos a repartir. Lo de repartir 5 millones entre operadoras es de risa, no mueve ni una coma en sus resultados. Pero lo de repartir 5 millones de euros entre los generadores de contenidos es ya de traca. ¿Cómo se hace el reparto? ¿En función de qué criterio? ¿Por páginas vistas? ¿Por usuarios únicos? ¿Según Nielsen? ¿Según Comscore? De eso ¿cuánto le tocaría a cada uno de los tres presentes en la reunión? ¿Y a Weblogs SL, nos tocaría algo? ¿Y al blogger de a pie que genera contenidos día sí y día también?
Pues eso. Que queda muy bien señalar con el dedo a Google, que tiene Donettes y a mí no me da. Posiblemente sirve para justificar algunas miserias y para contarle milongas a los accionistas. Pero ni se sostiene ni sería siquiera solución. Dejemos de enredar, ¡por favor!
Foto | Oscar Espiritusanto
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Google,
Evolución Digital,
Medios
Tags: AEDE, El Mundo, Pedro J Ramírez
martes, 25 de mayo de 2010 a las 21:35
En un entorno de medios masivos y de poca diversidad de los mismos, nuestros gustos tendían a converger. Esto hacía posibles posibles fenómenos como el record de cuota de audiencia del programa I Love Lucy en 1953, con un 71% decuota de pantalla. En la actualidad la diversidad de oferta de medios es increiblemente superior, y la dispersión de la audiencia también, para desdicha de anunciantes y agencias. Sin embargo, eso mismo es lo que permite que cada uno dedique su tiempo a informarse sobre las temáticas que más le interesan. Y así, nos encontramos que nuestros intereses son, en realidad, más heterogéneos de lo que se podía suponer. Que los medios masivos no tenían éxito porque los gustos del público fueran homogéneos, sino que estos lo eran porque sólo consumían medios masivos. Hay temáticas para todos los intereses y personas interesadas en todas las temáticas. Incluso muy interesadas y muy implicadas.
Como ejemplo de esto suelo usar las pastillas de jabón de los hoteles. Seguramente os habréis fijado que las de diversas marcas tienen en el envoltorio un número de atención al cliente. Un 900 o un 901. Yo siempre me había preguntado ¿quién llamará a ese número? ¿Y qué dirá? ¿Qué tipo de persona dedica una parte de su tiempo a llamar a ese número y a comunicar sus problemas, dudas o sugerencias sobre un producto tan mundano? Hace unos meses, en una reunión con el equipo de marketing de un anunciante, usé este ejemplo, y una de las personas participantes en la reunión comentó que ella había llamado a ese teléfono. Nos contó que había notado que la fórmula del jabón había cambiado y que ahora resecaba las manos más que antes. Todos somos frikis de algo.
Ahí fuera hay gente que tiene un nivel de implicación hasta emocional con nuestra marca o con nuestro producto muy superior a lo que nos podemos imaginar. Esos frikis de nuestros productos son sus mayores críticos, pero también sus mayores defensores. Es importante que nos comuniquemos con ellos, que les hagamos llegar la información sobre nuestros productos, que les demos las herramientas, el argumentario, para que se puedan convertir en defensores espontáneos de nuestra marca. Y puedan llegar dónde nosotros no llegamos ni llegaremos nunca.
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Consumo Digital,
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lunes, 17 de mayo de 2010 a las 23:17
Continúo con la serie de posts que inicié la semana pasada. Hoy toca hablar de los cambios en los hábitos de lectura de los usuarios.
En el mundo de las publicaciones de papel el número de estas que leía una persona era forzosamente limitado. Esto por dos razones. Una de tipo económica: el precio de compra de cada ejemplar. Otra de tipo físico: era raro que alguien comprase 45 publicaciones al mes para seleccionar 10 artículos que leerse. Esto lo hacía solo quien disponía de un gabinete de prensa, pero no el común de los mortales. En internet esto cambia. Primero porque el freno económico desaparece. Segundo porque, al desaparecer también muchas de las barreras para publicar, proliferan las publicaciones especializadas en todo tipo de temáticas. Y tercero porque en internet es posible, práctico y hasta fácil seguir multitud de publicaciones sobre las temáticas que más te interesan. Puede ser con lectores de feeds, con páginas de inicio personalizadas, con gestores sociales de favoritos, con agregadores sociales, con redes sociales, con favoritos o simplemente acudiendo a los buscadores cada vez que tenemos una búsqueda concreta que hacer.
Esto se combina con otro factor, que en el mundo off de poca oferta y de gustos homogeneizados artificialmente quedaba escondido. Todos somos frikis de algo. Otro día lo cuento con más detalle, pero prácticamente todos tenemos intereses personales muy intensos sobre temáticas muy variadas. Y esos gustos personales son menos homogéneos y menos comunes con el resto de los mortales de lo que uno se pudiera suponer. Hay gente a la que le interesan las cosas más variadas y hay gente interesada casi en cualquier cosa. Esto hace que el que se interesa en algo lea 20 publicaciones sobre esa temática, la siga al segundo y con un nivel de profundidad impensable hace sólo pocos años.
Por último, en este entorno, el concepto del diario como contenedor de contenidos de diverso tipo pierde parte de su valor. Si hay multitud de publicaciones especializadas en “mi tema”, ¿por qué leer la cobertura razonablemente superficial que hace en su sección dedicada este o este otro diario? Mejor me leo lo de mi tema en mis publicaciones especializadas favoritas, y para lo que no sea de mi tema (o mis temas), sí que me vale esa cobertura más superficial de un generalista. En la web el contenedor es el navegador, no el sitio. Todo lo que esté en la web está a tiro de un click, de un enlace, de una URL. Por eso la pasión de los editores de prensa y revistas por las aplicaciones de ipad suenan tan a vuelta atrás a la época de los CD-Roms.
Más información | Generación de audiencias online: marca y contenidos (I)
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Medios
Tags: Audiencias, frikis
lunes, 10 de mayo de 2010 a las 13:41

Llevo tiempo queriendo hacer un post sobre este tema, y como parece que hacer uno largo, completo y exhaustivo me está costando, voy a probar a hacer una serie de posts cortos tocando diversos aspectos uno a uno.
En el entorno offline el concepto de medio y marca asociado ha sido fundamental. La unidad de consumo mínimo (o al menos de compra) era el medio. El mecanismo de descubrimiento del medio era la marca (bien vía publicidad, bien vía presencia en punto de venta o por recomendación de terceros). Luego los contenidos de calidad ayudaban a que esos lectores de descubrimiento (paracaidistas los llamamos nosotros), se conviertieran en lectores habituales (parroquianos).
En internet ese fue el modelo que se intentó en la internet del siglo pasado, en la época de los portales. Grandes sitios con toda la oferta informativa, que invertían grandes sumas en publicidad de su marca y en captación de usuarios que, se suponía, se mantendrían fieles y navegarían siempre dentro de su sitio y partiendo de su portada. Esto, que ahora suena tan raro, era el paradigma de cómo se pensaba que funcionaría internet: igual que los demás medios. Esta semana alguien me comentaba que un familiar suyo sigue viviendo en ese entorno. Tiene ADSL de Telefónica, su página de inicio está preconfigurada para que sea la de Terra, y jamás había salido de ahí. Él pensaba que internet era eso. Obviamente hoy en día es un caso inusual.
Lo que ha sucedido en internet es que la llegada de Google y de los medios sociales, con los blogs a la cabeza, ha puesto patas arriba el modelo previsto. La marca sigue siendo importante, faltaría más. Pero ya no es el único mecanismo de atracción de nuevos usuarios (ojo, ya no solo lectores). Son varias cosas las que han cambiado:
Creo que cada uno de estos puntos, y algunos que seguro que me dejo en el tintero, da para hacer un post. A ver si así recupero la regularidad perdida.
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martes, 19 de enero de 2010 a las 21:05

Cuenta hoy La Información que los editores de prensa por medio de la AEDE, la asociación que les representa, están considerando demandar a Google por enlazarles en Google News. No es un debate nuevo, y ya antes, cuando se ha planteado por parte de algún intermediario interesado, se le ha dado respuesta contundente.
La clásica comparación con el caso de las empresas de press-clippings no vale. Google News sólo indexa, mostrando titular y entradilla, no el texto completo y redirigiendo enseguida a los medios. Además, por medio del robots.txt, proporciona una rápida manera de indicarle que no indexe. Y también se puede hacer más granular para indicar que no indexe en News pero sí en las búsquedas normales. Google es hoy por hoy la mayor fuente de tráfico de internet. Sólo las redes sociales pueden hacerle algo de sombra y sólo a medio plazo. No entender el valor de ese tráfico es no entender como funciona internet.
Estos días, en multitud de charlas con periodistas a cuento de la Ley Sinde, he vuelto a oir a menudo el argumento. Dice algo así:
“nosotros hacemos un producto con mucho esfuerzo y costes, Google lo coge, lo transforma y gana dinero con ello. Y a nosotros no nos da dinero, sólo tráfico”
Bien, pues yo les contesto:
“estos días llevo invertidos, literalmente, algunos cientos de horas en hablar con periodistas de prensa, radio, televisión e internet sobre el tema de la Ley Sinde. En esas conversaciones yo empleo un tiempo muy valioso que podría estar dedicando a Weblogs SL. Con lo que yo les cuento, ellos lo elaboran y crean un producto periodístico que publican y ganan dinero con ello. Y a mí no me dan dinero, sólo visibilidad”
Obviamente no pretendo que me paguen por las entrevistas, faltaría más. Lo que pretendo es trazar similitudes entre ambos casos. Y, desde mi punto de vista son casos prácticamente calcados. Cambiemos visibilidad por tráfico y estamos ahí.
¿Por qué en un caso es ético y en otro no?
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