Google sin medios o medios sin Google

Hoy se ha aprobado en el Senado la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI). Ahora vuelve al pleno del Congreso para su aprobación definitiva. Como ya comenté en su momento, Google ya ha anunciado que de aprobarse definitivamente, cerrara Google News en España. Triste logro ser el primer país democrático en el que Google tiene que cerrar este servicio. Y juro que he estado muy tentado de poner democrático entre comillas o en itálicas.

A raiz de esto, Pepe Cervera, Luisfer Ruiz y yo hemos tenido un intercambio de opiniones sobre si, en un supuesto de retirada de los medios de AEDE de Google sufrirían más estos o Google.

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Perdón por la captura, no me iba el Storify.

A lo que iba. Recordando que lo que ha dicho Google es que cierra Google News, no que expulse a los medios de AEDE del buscador principal, si llegase a hacer esto (la opción termonuclear), ¿qué pasaría?

Luisfer defiende que perdería más Google porque al no tener referencias a los grandes medios, daría una oportunidad a buscadores alternativos como Bing. Esto es, que la gente buscando en Google al no encontrar en los resultados a El Mundo, El País o ABC, se irían a otro buscador.

Me temo que en esto anda muy desencaminado. En primer lugar, porque la gente cuando usa Google está buscando una información en concreto, y la fuente el da más o menos igual. Sirve para ver si te fías más o menos de un resultado u otro a la hora de elegir, pero poco más. Es verdad que hay búsquedas por dominio, branded search lo llamábamos hasta que Google decidió ocultar las keywords en analytics, pero son un porcentaje pequeño del total de búsquedas. Y son reemplazables por la navegación directa. La mayor parte de las veces son usuarios que no recuerdan si tu dominio es .com o .es o que tienen la barra de búsqueda más a mano.

Por otra parte, la inmensa mayoría de las búsquedas no son sobre actualidad o sobre noticias, son sobre otros temas. En esas búsquedas el usuario ni se enteraría. Y el hábito de acudir a Google y la diferencia de calidad en sus resultados respecto al resto es tan grande, que no se iba a notar. Creo que ya he comentado alguna vez que las publicaciones de Weblogs SL están en Google News, pero indexan bastante mejor en el buscador normal. A nosotros, que nos hemos opuesto al Canon desde el principio, al final el cierre de Google News nos va a beneficiar.

En cierta medida, desaparecer de Google sería parecido a subir el muro de pago, sólo que sin recibir ingresos. Que le recuerden a El País cómo le fue aquel experimento. Curiosamente la prensa de AEDE se convertiría en Internet Profunda. Lo que no se ve en Google no existe para una inmensa mayoría. Hoy por hoy es así.

Si resulta que los que están jugando con esto haciendo lobbing y cediendo a presiones a cuenta del canon se piensan que les va a ir mejor o que van a cobrar un euro, se van a llevar un buen susto. Y sus cuentas no están para muchos sustos. Más bien para ninguno.

Por cierto, nos vamos a reír mucho si, sin estar indexados en Google, necesitamos usar los buscadores internos de los medios AEDE para localizar algo que ellos mismos hayan publicado.

Bonus Track | David Maeztu: 10 cosas que los miembros de AEDE deberían saber sobre el #canonAEDE

Medios o agregadores: la cuestión principal

International ridiculousness

Vuelve a la carga Borja Adsuara con medios, agregadores y usuarios NO hacen lo mismo contestando a mi post anterior y a la conversación que tuvimos en Twitter. Así que le vuelvo a dar réplica.

Estámos discutiendo sobre la aplicación del Canon AEDE y, al hilo de ello, sobre si lo que hacen los agregadores es o no distinto de lo que hacen los medios. Borja intenta poner sentido común a una norma que no tiene por dónde cogerse. Y no lo tiene porque, como recuerda Gonzalo Martín, es el producto perverso de un sistema en el que grupos de interés organizados (llámalos lobbies, llámalos élites extractivas) consiguen que se legisle a su favor para obtener rentas que provienen de otros sectores que no están tan organizados y que no tienen ese acceso al poder político.


Esta ley que está a punto de aprobarse en el Senado, tras haber sido ya aprobada en el Congreso antes del verano, y ha generado reacciones muy críticas en la prensa internacional, no está hecha pensando en el bien común o en promover la industria de los medios online en español. Se ha hecho a petición de AEDE, la asociación de los grandes medios tradicionales, porque a estos les va mal y quieren parte del dinero que sí ha conseguido obtener Google.

Lo demás son todo detalles que les importan poco. Que si Google News es beneficioso para los medios porque les aporta tráfico, que si no genera ingresos, que sea una actividad secundaria de Google, que la norma afecte a otras empresas como Menéame que ni generan perjuicio ni pueden pagar, que todo esto sea perjudicial para el desarrollo del sector de internet en España, que con lo que se pueda recaudar no es posible generar un volumen de ingresos que signifique nada para ellos, que se ponga a riesgo el enlace, que se aplique a medios, a redes sociales o a agregadores, que la ley sea, una vez más, una chapuza jurídica, que se retuerza la ley para inventarse un derecho inalienable y evitar que quien no quiera no participe. Todo esto son minucias, detalles, efectos secundarios todo lo más. Lo importante es que el gobierno les ha hecho caso, legisla a su favor. Siguen siendo influyentes. Siguen decidiendo. Obviamente, han tenido que pagar por ello con dimisiones y con cambios de línea editorial. Y posiblemente tengan que pagar más. Pero alargan su agonía unos años. Y lo demás da igual.

Al final, el punto principal es este. La discusión sobre si la actividad de los medios es, por su naturaleza, fundamentalmente distinta que la de los usuarios, de blogs, de las redes sociales y de los agregadores, puede ser muy interesante desde un punto de vista académico (sigo pensando que en la naturaleza no hay diferencia, sí en el peso de cada elemento y en cómo se ejecutan), pero no son lo crítico en esta cuestión. Y, después de haber visto este proceso varias veces, con la LSSI desde fuera, con la Ley Sinde desde dentro y ahora con el Canon AEDE y el resto de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, uno se queda con la sensación de que estas discusiones sobre matices sólo sirven para que afinen la ley y hagan lo mismo, pero con menos agujeros.

Me consta que Borja no lo hace con mala fe. Al contrario, intenta poner sentido común en lo que todos sabemos que no lo tiene. Pero la cuestión no es si selección y agregación es lo mismo. La cuestión es que tenemos un sistema político corrupto en el que se legisla de forma sistemática a favor de ciertos grupos de poder y en perjuicio de toda la sociedad. Y esto tiene que cambiar.

Medios, agregadores y usuarios hacen lo mismo: seleccionan y comparten

Borja Adsuara, con el que no siempre coincido, pero con el que reconozco que es un gustazo conversar, ha escrito un artículo en El Confidencial en el que intenta delimitar, usando criterios de interpretación legal de la norma, si a un usuario de redes sociales le afecta o no el Canon AEDE. En el artículo, intenta marcar la diferencia, aparte de que no haya lucro, en que los usuarios hacen una selección, mientras que los agregadores hacen “agregación mecánica”.

‘Agregación’ vs. Selección


Por otra parte, una cosa es la mera agregación (mecánica o automática, como hacen los algoritmos informáticos) y otra, el valor que se añade con la selección de determinados contenidos (noticias y artículos de opinión), que es lo que hace que se siga a unos usuarios y no a otros, y que aquéllos tengan la consideración de prescriptores (o influencers, como se dice en la jerga del Social Media).


¿Soy un agregador de noticias? Las redes sociales y la Ley de Propiedad Intelectual

La discusión en twitter ha surgido precisamente por este aspecto. ¿Los usuarios seleccionan y los algoritmos agregan?

Agregación vs selección
La cuestión que se plantea es si hay una diferencia intrínseca entre una página que agrega noticias y un usuario o un medio. La primera parte de la discusión creo que está razonablemente clara. Salvo que hables de un mero volcado de fuentes, todos los algoritmos seleccionan; toman un cierto número de elementos de sus fuentes y publican un número menor siguiendo cierta lógica. Podemos discutir si el resultado es mejor o peor, pero creo que no hay duda sobre la naturaleza del proceso. Por lo tanto, la diferencia no puede ser agregación vs selección. Y para ello da igual que esta selección sea a mano, artesanal, o automatizada en un algoritmo que, al final, meramente refleja los criterios prefijados por quien lo programó.

Contenidos propios frente a ajenos
La otra opción para diferenciar sería el origen de las noticias. Si son de producción propia o de terceros. Pero teniendo en cuenta el uso de noticias de agencia, de notas de prensa, cuando no el descarado plagio o las noticias sacadas de twitter o de youtube, es difícil decir que los medios tradicionales se limitan a la publicación de contenidos propios. Así pues, llegas a la conclusión de que agregadores, usuarios y medios hacen lo mismo, compartir una mezcla de contenidos de terceros seleccionados y propios. Obviamente esto no quiere decir que el valor de todos ellos sea el mismo, ni mucho menos, pero sí su naturaleza fundamental.

Volviendo al proyecto de ley. El artículo 32.2 dice:

Artículo 32.2.


La puesta a disposición del público por parte de prestadores de servicios electrónicos de agregación de contenidos de fragmentos no significativos de contenidos, divulgados en publicaciones periódicas o en sitios web de actualización periódica y que tengan una finalidad informativa, de creación de opinión pública o de entretenimiento, no requerirá autorización, sin perjuicio del derecho del editor o, en su caso, de otros titulares de derechos a percibir una compensación equitativa…

Coincido con Borja en que para ser prestador de servicios electrónicos tiene que haber lucro, lo cual debería excluir a los particulares. Ojo, como siempre poner publicidad o cobrar por lo que publicas es lucro. En ningún sitio se define que es un “prestador de servicios electrónicos de agregación de contenidos”. Se puede interpretar que es cualquier prestador que use contenidos de terceros. Esto es, la ley regularía cualquier uso de fragmentos no significativos de terceros por parte de cualquiera que publique en internet y tenga lucro. Y dice no signficativos, porque si son significativos, entonces ya no están sujetos a este Canon, sino que su uso tiene que ser autorizado previamente por la fuente.

Tal y como está redactado, afecta a tu blog si tiene publicidad, afecta a cualquier medio y también afecta a las redes sociales. Luego ya estará cómo se quiera interpretar y ejecutar esta ley y cómo actuen la o las entidades de gestión y hasta dónde pretendan ejecutarlo. El ejemplo de la SGAE no da precisamente mucha esperanza.

Canon AEDE para todos

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Hoy se ha aprobado en el Congreso la modificación de la Ley de Propiedad Intelectual, que incluye, entre otras medidas en su mayoría también bastante deplorables, el ya famoso CanonAEDE. En realidad no se ha aprobado en el pleno del Congreso, sino en la Comisión de Cultura, en teoría formada por Diputados expertos en estos temas. El nivel de conocimiento sobre la ley que votaban ha sido francamente patético. Pilar Portero y Ana Cañil lo cuentan con detalle en el Huffpo. Diputados que no sabían qué se votaba, que sólo podían responder generalidades, que se iban antes de terminar la votación porque perdían el avión, que se liaban al votar…

Ahora la ley irá al Senado y con casi total seguridad quedará aprobada. El proyecto del gobierno mal, pero las enmiendas planteadas por la oposición, con poquitas excepciones, casi peor. Una vez más no ha servido de nada la argumentación racional, la organización de los que nos oponíamos en la Coalición Pro Internet, la protesta en Twitter, el hablar con los grupos políticos… Se legisla por inercia, al dictado de lobbies y por acuerdos en las cúpulas de los partidos.

La ley entrará en vigor sí, pero ¿qué efectos tendrá? Por un lado es más que probable que Google cierre su servicio Google News en España para evitar verse afectado. No le genera ingresos directamente y no se puede permitir marcar un precedente para otros países en el que paga por él. Los resultados de su buscador general se harán ligeramente peores al no incorporar los módulos de Google News, lo cual, por otra parte, reducirá de forma importante el tráfico de Google que reciben los medios de AEDE. A los más pequeños, posiblemente hasta nos resulte mejor. Tenemos más visibilidad en el buscador general que en News.

Otros agregadores locales, como Menéame tendrán que mover la compañía fuera de España. Los medios de AEDE, grandes impulsores de esta ley, no verán un euro. Eso sí, conseguirán en buena medida reducir la capacidad de descubrimiento de fuentes alternativas de información que constituían los agregadores. Su papel lo asumirán agregadores de contenidos generados fuera de España a los que la ley ni les va ni les viene. Me puedo imaginar las risas en Reddit si les llega una notificación de Cedro para que les paguen por unos enlaces. Mucho hablar de emprendedores, de innovación y gaitas, pero a la hora de la verdad, no recomendaría emprender en medios en internet en España a nadie en su sano juicio. Si quieres hacerlo en español, mucho mejor desde México DF o desde Miami. Y si puedes hacerlo en inglés, mucho mejor.

Y AEDE no conseguirá ingresos, pero sí, como apunta Antonio Ortiz en un incisivo post en Xataka, que la visiblidad de nuevos medios sea menor. Que sea más difícil descubrir esos medios digitales especializados que dan mejores contenidos que los medios tradicionales. Y hará que las marcas tradicionales pesen algo más. Y dentro de un año, volverán llorando a pedir otra modificación de la ley con el argumento de que se mueren y que son el soporte de la democracia y otras zarandajas.

Más información:

Zumo de Twitter (3)

Como era de esperar, en cuanto ha apretado un poco el ritmo de trabajo, he tenido algún viaje y reuniones más o menos intensas, la regularidad de este post se ha venido abajo. Y para colmo estas semanas han venido muy movidas y con muchas cosas interesantes que han pasado, así que la lista va a ser bastante más larga de lo que debería ser habitual. Son seis semanas de enlaces y va a costar un día entero leérselo todo, pero prometo que es sólo una selección. Por otra parte he descubierto que con Storify se puede hacer este post mucho más rápido y mejor. ¿Por qué no me había avisado nadie?

 

 

Sobre la regulación de las redes sociales

Julio Alonso en eldiario.esAyer escribí para eldiario.es un artículo sobre este tema titulado: Trileros, tecnologías, críticas y bocazas. La tesis que defiendo es que se está aprovechando un suceso que nada tiene que ver con internet para intentar controlar un medio que está resultando el principal soporte a los poderes establecidos. Y esto lo está haciendo el gobierno y también un buen sector de la prensa tradicional, por motivos muy concretos.

Mi socio Antonio Ortiz comenta el asunto en error500: Límites a la libertad de expresión e Internet. En él, aunque admite estar de acuerdo conmigo en muchos de los puntos, mantiene que deben existir límites a la libertad de expresión en internet, aunque no se pronuncia sobre cuales deben ser. También afirma que blogs y twitter no son como la barra de un bar.

Empecemos por la libertad de expresión. Claro que hay límites a ella en internet y fuera. Esos límites tienen que ver con su convivencia con otros derechos. Lo que sucede es que la libertad de expresión está entre los derechos de mayor relevancia y protección. Por lo tanto, debe prevalecer en la inmensa mayoría de los casos. A lo que yo me opongo enérgicamente es a una regulación específica para internet.

En cuanto al argumento del bar, efectivamente, en internet se difuminan las barreras entre la comunicación  y la publicación. La comunicación la podía hacer todo el mundo y, normalmente, alcanzaba a pocas personas. La publicación solo la podían ejercer unos pocos (ergo controlables) y garantizaba una llegada mucho más amplia. En internet toda comunicación es publicación. Hay herramientas de publicación voluntariamente controlada, whatsapp, por ejemplo, pero lo normal es que sea publicación abierta. Esto supone que mucha más gente publique. Hace tiempo alguien me comentaba lo mal que se escribía ahora. Y yo le repliqué que se escribe mucho más y que, como dice Antonio, escribe mucha más gente. Y eso incluye a mucha gente que antes no se expresaba habitualmente por escrito. Es normal que la calidad media se resienta, pero creo que se gana mucho más de lo que se pierde. También es verdad que buena parte de los que escriben en internet no son conscientes de estar publicando. Sí lo somos los que tenemos cierta relevancia pública o los que nos dedicamos profesionalmente a ello. No lo es el chaval que usa twitter para comunicarse con 5 amigos y luego le siguen 20 bots y 30 cuentas falsas más. Y es mucho más consciente de publicar alguien que usa un blog que alguien que usa twitter o facebook que están conceptualizadas generalmente como herramientas de comunicación, no como herramientas de publicación.

En cualquier caso, ¿un blog o twitter son un bar? No. Igual que un bar no es una plaza, ni un estadio. A dónde voy es, de nuevo, a que no hay que hacer una regulación específica para internet. Como apunta Gonzalo Martín en un comentario al post de Antonio, sí se puede y se tiene ya en cuenta en la legislación el nivel de difusión que tenga un acto. De nuevo, en internet o en otro sitio. De hecho, es mucho más grave lo que se dice a diario en ciertas tertulias televisivas y radiofónicas y tiene en la mayoría de los casos mayor alcance, que lo que diga un chaval en su twitter.

Por último, Juan García introduce en otro comentario al post de Antonio el argumento de que no debemos admitir como adecuado que se digan ese tipo de cosas. No es correcto, ético o deseable, dice. Por supuesto. Pero es que no todos los comportamientos que socialmente nos parezcan indeseables han de ser fiscalizados por la ley. Primero porque a menudo no hay unanimidad sobre lo que es indeseable o no. La gente tiene valores y niveles de tolerancia muy heterogéneos. Por otra, porque ya existen mecanismos sociales que permiten hacer un reproche a ese individuo sin que tenga que intervenir la justicia. Por irme a un caso muy claro. A mediados del siglo pasado (y seguramente que hace menos también) en muchos pueblos pequeños estaba mal visto que una chica soltera tuviera un hijo. Y no estaba penado ni era delito. Sin embargo, se ejercía una presión social muy fuerte en ese entorno que hacía de hecho la vida imposible a quién infringía esa norma social. En internet también hay mecanismos parecidos. Bloqueos en twitter, borrado de comentarios, críticas abiertas y también publicadas…

Termino. Recordemos el principio de intervención mínima que debe regir el derecho penal. Sólo deben ser delitos los supuestos más graves y claros. Se debe legislar para los casos generales y no con casos particulares en mente. Se regula en general y para todos los supuestos, no para internet. Y, por último, hay que ser más tolerante y aprender a vivir con muchas cosas que a nosotros particularmente no nos gustan o hasta nos hieren.

A continuación, el texto completo de mi artículo en el diario.es:

 

Trileros, tecnologías, críticas y bocazas


Hay grandes maestros de la distracción. Gente que, cual trileros, consiguen que mires donde ellos quieren y no donde tú pretendías hacerlo. El mérito no está tanto en conseguir cambiar de dirección tu mirada, sino en el que tú no te des cuenta de que estás siendo manipulado. Entre nuestra clase política y parte de los medios tradicionales parecen abundar y tener un talento especial. El caso de la inexistente relación causal entre el reciente asesinato de una política del PP y las redes sociales es un ejemplo de libro.

Según todos los indicios, se trata de un crimen entre personas del mismo partido, por asuntos no ideológicos y que nada tienen que ver con internet o con las redes sociales. En Twitter se ha hablado mucho de ello. También en Facebook. También por WhatsApp o por email. Y también en persona en casa, en el trabajo y en el bar. Creo que hasta incluso por teléfono y por teléfono móvil. La gente habla de temas que le llama la atención independientemente de la tecnología que usen para ello.

Y entre los que hablan de prácticamente cualquier tema, hay gente que dice cosas sensatas con las que estamos de acuerdo y hay gente que dice cosas que también parecen sensatas, pero con las que no estamos de acuerdo. También hay gente que dice cosas insensatas y sin sentido, y luego están los que insultan, gritan y sacan el pie del tiesto. En Twitter, en el bar y por telegrama. La tecnología para esto es irrelevante.

Pero a raíz de algunos de estos comentarios, que son claramente minoritarios, buena parte de la prensa tradicional y el Gobierno con el ministro del Interior al frente se han levantado en armas pidiendo que se regulen las redes. Porque esto no es tolerable ni se puede consentir. Aquí aparece el trilero.Ya no hablamos de quién es el asesino ni de qué motivos le movían. Ni hablamos de qué pasaba en León o en el PP para que se acabe matando a alguien. Hablamos de que alguien en Twitter ha insultado o ha dicho barbaridades.

Creo que se ha dicho hasta la saciedad que las leyes ordinarias también aplican a internet. Aquella declaración de independencia de internet que escribió en 1996 John Perry Barlow no ha tenido efectos prácticos. Algo que sea delito en un bar lo es también en Twitter. Algo que no lo sea en un bar, tampoco debe serlo en Twitter. Internet no puede ser un territorio sin ley, pero tampoco puede estar sometido a un estado de excepción, a un régimen de libertades recortadas.

¿Que hay gente que dice barbaridades, incluso sobre nosotros? ¡Bienvenido al mundo real! Eso pasa en todos los ámbitos, todos los días. Y la mayor parte de esos casos no son delitos. Ni en internet ni fuera. Ante ellos, lo que hacemos es intentar aislarnos del sujeto que los lanza. Si alguien se dedica a insultarnos por la calle, pasamos por otro lado, intentamos evitarlo. En internet esto es todavía más fácil de hacer. En Twitter, que es un medio deliciosamente asimétrico, basta con bloquear a dicho individuo. Por arte de magia no volvemos a oír a ese sujeto. Seguirá diciendo lo que quiera decir, pero al igual que si lo dice en un bar al que no vamos, no nos enteramos.

La demonización de internet desde los medios tradicionales es un fenómeno que viene de antaño. En parte su causa es un profundo desconocimiento sobre su funcionamiento real. En parte es miedo a lo desconocido. También desconfianza hacia personas que se mueven en un entorno diferente al mío. Y, por último, interés directo en perjudicar a algo que se ve como el enemigo, como los que nos han quitado los lectores y los ingresos publicitarios. Hace cosas maravillosas, pero, es una bruja, es una bruja, ¡quemémosla!

La persecución de internet desde los poderes públicos es todavía más seria. Demuestra muy poco talante democrático. Poca tolerancia con las críticas o las opiniones contrarias o simplemente distintas. La definición por antonomasia de la libertad de expresión es la frase, erróneamente atribuida a Voltaire, que dice: “No estoy de acuerdo con lo que opinas, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a expresarlo”. ¡Qué lejos están muchos de ello! De hecho, están mucho más cerca de los planteamientos de Erdogan en Turquía cerrando el acceso a Twitter o de regímenes mucho menos democráticos.

Pero no es sólo eso. Esta polémica artificial es la excusa perfecta para conseguir otro objetivo. De nuevo el trilero. Internet es un entorno en el que no controlan la opinión. Hay una buena parte de la prensa tradicional que jalea al gobierno en este asunto. Hay otra parte de la prensa tradicional que hasta hace poco era algo más independiente y algo más crítica, pero todo eso ha sido resuelto rápidamente consiguiendo el cese de tres directores de periódico. Ahora hay que meter en cintura a la crítica desde internet. Y lo harán criminalizándola. Igual que pretenden criminalizar la protesta en la calle con la ley de seguridad ciudadana. Porque da igual donde sea, lo relevante es que se protesta y se critica. Y eso no puede ser. Que haya unos bocazas insultando en Twitter es la excusa perfecta.