Desktop se ha convertido en el nuevo Print

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Como suele pasar, nada mejor que un buen post para disparar otro. Pepe Cerezo escribió hace una semana en Medium (otro que se pasa allí) un post titulado La conjura contra los medios, que he descubierto hoy en Twitter. Después de dejar un par de comentarios, me he dado cuenta de que la cosa merece un post completo. Así que vamos a ello. Más que una conjura contra ellos, yo hablaría de una tormenta perfecta.

De la crisis de la prensa y de cómo malinterpretan internet ya he hablado varias veces. En Cómo serían las cosas si no fueran como son y también en ¿Quién se ha llevado mi audiencia y mi modelo de negocio?. Curioso que sigan vigentes apuntes de hace uno y dos años. Pero es que a esa situación inicial se le han añadido nuevos factores que vienen a complicarlo todo. Cuando muchos medios tradicionales decían finalmente ya estamos bien en internet, ya tenemos audiencias razonables e ingresos si no grandes, al menos en crecimiento, resulta que el tablero ha vuelto a cambiar. De repente la web es la nueva prensa escrita. Quien se quede sólo en ello está muerto a medio plazo.

Mobile

Casi todos los medios están viendo como sus audiencias se pasan a móvil. En Weblogs estamos a punto de pasar el 50% de tráfico móvil en el total de grupo. Tenemos varias publicaciones que ya están por encima. Incluso tenemos una o dos cerca del 75% de tráfico móvil. Y todo esto es tráfico móvil web, sin aplicaciones. En medios tradicionales puede ser algo menor, pero la tendencia es la misma. Y esto tiene varias implicaciones:

  1. Medición. Comscore mide de forma más o menos razonable el tráfico móvil para España. Y para Estados Unidos y un par de países, pero para de contar. No son capaces de dar un dato global de audiencia incluyendo móvil. Y no parece que vayan a ser capaces de hacerlo en un tiempo prudencial (uno o dos años). Nosotros hemos tenido que abandonarlo como métrica de tráfico de referencia y volver a Google Analytics, que no es perfecto y sobre-estima ligeramente los usuarios únicos (el clásico problema de los navegadores únicos), pero al menos cuenta usuarios desktop y móvil en todo el mundo. Lo mismo han hecho en Vox Media, y seguramente que más grupos de medios. Sin poder medirlo bien y mostrarlo a los anunciantes vender publicidad se hace bastante más difícil.

  2. Posiciones publicitarias. Como apunta Cerezo en su artículo, la versión móvil permite menos posiciones publicitarias. Esto es menos relevante si tienes pocas posiciones a CPM altos. Si tu estrategia va de llenar el máximo número de posiciones sin importar demasiado el precio, el cambio tiene muchísima relevancia. De repente necesitas 5 o 6 páginas vistas móvil para igualar el impacto económico de una sóla página vista web. Si, además, añades el problema del diseño responsive (muy resumido: la publi no es reponsive) y ya para rematar sumas que la publicidad programática avanza en móvil todavía más rápido de lo que ha avanzado en desktop, el panorama no es nada fácil.

  3. La pérdida de relevancia de la home. Como apunta Pepe, los medios tradicionales tienen en su home un activo publicitario de primer orden. Pero esa fuerza no se trasmite fácilmente a la home de la versión móvil. Ni siquiera a la app. Pierdes ingresos y, además, pierdes control de la vía de acceso de tus usuarios. Dependes más de Facebook, de Twitter, de Whatsapp o del correo. Y generas menos fidelidad a tu marca.

El problema no es exclusivo de los medios tradicionales no nativos, pero a ellos les afecta más aún porque vienen de un entorno de mayores ingresos y arrastran, como bien comenta Gonzalo Martín en el artículo mencionado, una estructura de costes que en internet no es sostenible. No digamos ya en móvil.

Publicidad programática

Pero, como las desgracias nunca vienen solas, también tenemos el crecimiento imparable de la publicidad programática. Todo lo que sean formatos estándar va a ser programática antes o después. Apuesto a que en uno o dos años no se vende un sólo 300×250 de forma directa. No tiene sentido. La publicidad programática aumenta la eficacia y, en un mercado en el que la oferta de espacios publicitarios supera con mucho la demanda la evolución de los precios sólo puede ser a la baja. También porque se comoditiza. Al final un 300×250 en la portada de El País es tan valioso como el 300×250 en la página interior del último blog. Y si encima el anunciante tiene datos del usuario y sabe que es el mismo, todavía peor. La clave está en diferenciar ese inventario, en apoyarlo en datos. Y no es fácil ni está al alcance de todos.

Y como buena parte de la publicidad premium se va a programática, lo que queda tiende a concentrarse para que las agencias de medios puedan llevarse sus extratipos queridos. Lo cual ayuda un poco a medios tradicionales, pero sólo mientras dure la venta directa, que como decía no será mucho tiempo.

Publicidad nativa


¿Qué queda? La publicidad nativa, que bien ejecutada sigue siendo diferencial, pero que es importante no desnaturalizar. Hay ciertas dudas sobre si escala o sobre si puede llegar a saturar o a perder valor. Creo que, como en todo, a quien lo haga bien le irá muy bien, a quien se limite a vender posts no le irá tan bien y además entrará en conflicto con su audiencia.

Pero ¿se puede vivir sólo de la publicidad nativa? En Estados Unidos parece claro que sí. No hay más que ver ejemplos como Buzzfeed o Quartz. En España es algo más complicado. Al final, tanto en Estados Unidos como aquí parte del valor potencial está en escalar la cadena de valor del marketing de contenidos y acabar desempeñando funciones que, en otro contexto hacían agencias creativas. En Weblogs nosotros ideamos campañas de publicidad nativa en nuestros sitios, pero también fuera. Y generamos los contenidos, y los distribuimos. Y también tenemos una productora de video. Y trabajamos con muchas primeras marcas en todo esto. Entre todos estos factores, más nuestra internacionalización, vemos que la publicidad vendida a través de agencias de medios va representando cada vez un porcentaje menor de nuestros ingresos. Lo mismo hasta es positivo.

Lo que tengo claro es que la época dorada en la que todo el mundo podía jugar a tener una empresa de medios online se han acabado. Sólo van a quedar unos pocos. Y nadie, ni siquiera los medios tradicionales, tiene un asiento seguro en esa mesa.

Google sin medios o medios sin Google

Hoy se ha aprobado en el Senado la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI). Ahora vuelve al pleno del Congreso para su aprobación definitiva. Como ya comenté en su momento, Google ya ha anunciado que de aprobarse definitivamente, cerrara Google News en España. Triste logro ser el primer país democrático en el que Google tiene que cerrar este servicio. Y juro que he estado muy tentado de poner democrático entre comillas o en itálicas.

A raiz de esto, Pepe Cervera, Luisfer Ruiz y yo hemos tenido un intercambio de opiniones sobre si, en un supuesto de retirada de los medios de AEDE de Google sufrirían más estos o Google.

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Perdón por la captura, no me iba el Storify.

A lo que iba. Recordando que lo que ha dicho Google es que cierra Google News, no que expulse a los medios de AEDE del buscador principal, si llegase a hacer esto (la opción termonuclear), ¿qué pasaría?

Luisfer defiende que perdería más Google porque al no tener referencias a los grandes medios, daría una oportunidad a buscadores alternativos como Bing. Esto es, que la gente buscando en Google al no encontrar en los resultados a El Mundo, El País o ABC, se irían a otro buscador.

Me temo que en esto anda muy desencaminado. En primer lugar, porque la gente cuando usa Google está buscando una información en concreto, y la fuente el da más o menos igual. Sirve para ver si te fías más o menos de un resultado u otro a la hora de elegir, pero poco más. Es verdad que hay búsquedas por dominio, branded search lo llamábamos hasta que Google decidió ocultar las keywords en analytics, pero son un porcentaje pequeño del total de búsquedas. Y son reemplazables por la navegación directa. La mayor parte de las veces son usuarios que no recuerdan si tu dominio es .com o .es o que tienen la barra de búsqueda más a mano.

Por otra parte, la inmensa mayoría de las búsquedas no son sobre actualidad o sobre noticias, son sobre otros temas. En esas búsquedas el usuario ni se enteraría. Y el hábito de acudir a Google y la diferencia de calidad en sus resultados respecto al resto es tan grande, que no se iba a notar. Creo que ya he comentado alguna vez que las publicaciones de Weblogs SL están en Google News, pero indexan bastante mejor en el buscador normal. A nosotros, que nos hemos opuesto al Canon desde el principio, al final el cierre de Google News nos va a beneficiar.

En cierta medida, desaparecer de Google sería parecido a subir el muro de pago, sólo que sin recibir ingresos. Que le recuerden a El País cómo le fue aquel experimento. Curiosamente la prensa de AEDE se convertiría en Internet Profunda. Lo que no se ve en Google no existe para una inmensa mayoría. Hoy por hoy es así.

Si resulta que los que están jugando con esto haciendo lobbing y cediendo a presiones a cuenta del canon se piensan que les va a ir mejor o que van a cobrar un euro, se van a llevar un buen susto. Y sus cuentas no están para muchos sustos. Más bien para ninguno.

Por cierto, nos vamos a reír mucho si, sin estar indexados en Google, necesitamos usar los buscadores internos de los medios AEDE para localizar algo que ellos mismos hayan publicado.

Bonus Track | David Maeztu: 10 cosas que los miembros de AEDE deberían saber sobre el #canonAEDE

Medios o agregadores: la cuestión principal

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Vuelve a la carga Borja Adsuara con medios, agregadores y usuarios NO hacen lo mismo contestando a mi post anterior y a la conversación que tuvimos en Twitter. Así que le vuelvo a dar réplica.

Estámos discutiendo sobre la aplicación del Canon AEDE y, al hilo de ello, sobre si lo que hacen los agregadores es o no distinto de lo que hacen los medios. Borja intenta poner sentido común a una norma que no tiene por dónde cogerse. Y no lo tiene porque, como recuerda Gonzalo Martín, es el producto perverso de un sistema en el que grupos de interés organizados (llámalos lobbies, llámalos élites extractivas) consiguen que se legisle a su favor para obtener rentas que provienen de otros sectores que no están tan organizados y que no tienen ese acceso al poder político.


Esta ley que está a punto de aprobarse en el Senado, tras haber sido ya aprobada en el Congreso antes del verano, y ha generado reacciones muy críticas en la prensa internacional, no está hecha pensando en el bien común o en promover la industria de los medios online en español. Se ha hecho a petición de AEDE, la asociación de los grandes medios tradicionales, porque a estos les va mal y quieren parte del dinero que sí ha conseguido obtener Google.

Lo demás son todo detalles que les importan poco. Que si Google News es beneficioso para los medios porque les aporta tráfico, que si no genera ingresos, que sea una actividad secundaria de Google, que la norma afecte a otras empresas como Menéame que ni generan perjuicio ni pueden pagar, que todo esto sea perjudicial para el desarrollo del sector de internet en España, que con lo que se pueda recaudar no es posible generar un volumen de ingresos que signifique nada para ellos, que se ponga a riesgo el enlace, que se aplique a medios, a redes sociales o a agregadores, que la ley sea, una vez más, una chapuza jurídica, que se retuerza la ley para inventarse un derecho inalienable y evitar que quien no quiera no participe. Todo esto son minucias, detalles, efectos secundarios todo lo más. Lo importante es que el gobierno les ha hecho caso, legisla a su favor. Siguen siendo influyentes. Siguen decidiendo. Obviamente, han tenido que pagar por ello con dimisiones y con cambios de línea editorial. Y posiblemente tengan que pagar más. Pero alargan su agonía unos años. Y lo demás da igual.

Al final, el punto principal es este. La discusión sobre si la actividad de los medios es, por su naturaleza, fundamentalmente distinta que la de los usuarios, de blogs, de las redes sociales y de los agregadores, puede ser muy interesante desde un punto de vista académico (sigo pensando que en la naturaleza no hay diferencia, sí en el peso de cada elemento y en cómo se ejecutan), pero no son lo crítico en esta cuestión. Y, después de haber visto este proceso varias veces, con la LSSI desde fuera, con la Ley Sinde desde dentro y ahora con el Canon AEDE y el resto de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, uno se queda con la sensación de que estas discusiones sobre matices sólo sirven para que afinen la ley y hagan lo mismo, pero con menos agujeros.

Me consta que Borja no lo hace con mala fe. Al contrario, intenta poner sentido común en lo que todos sabemos que no lo tiene. Pero la cuestión no es si selección y agregación es lo mismo. La cuestión es que tenemos un sistema político corrupto en el que se legisla de forma sistemática a favor de ciertos grupos de poder y en perjuicio de toda la sociedad. Y esto tiene que cambiar.

Medios, agregadores y usuarios hacen lo mismo: seleccionan y comparten

Borja Adsuara, con el que no siempre coincido, pero con el que reconozco que es un gustazo conversar, ha escrito un artículo en El Confidencial en el que intenta delimitar, usando criterios de interpretación legal de la norma, si a un usuario de redes sociales le afecta o no el Canon AEDE. En el artículo, intenta marcar la diferencia, aparte de que no haya lucro, en que los usuarios hacen una selección, mientras que los agregadores hacen “agregación mecánica”.

‘Agregación’ vs. Selección


Por otra parte, una cosa es la mera agregación (mecánica o automática, como hacen los algoritmos informáticos) y otra, el valor que se añade con la selección de determinados contenidos (noticias y artículos de opinión), que es lo que hace que se siga a unos usuarios y no a otros, y que aquéllos tengan la consideración de prescriptores (o influencers, como se dice en la jerga del Social Media).


¿Soy un agregador de noticias? Las redes sociales y la Ley de Propiedad Intelectual

La discusión en twitter ha surgido precisamente por este aspecto. ¿Los usuarios seleccionan y los algoritmos agregan?

Agregación vs selección
La cuestión que se plantea es si hay una diferencia intrínseca entre una página que agrega noticias y un usuario o un medio. La primera parte de la discusión creo que está razonablemente clara. Salvo que hables de un mero volcado de fuentes, todos los algoritmos seleccionan; toman un cierto número de elementos de sus fuentes y publican un número menor siguiendo cierta lógica. Podemos discutir si el resultado es mejor o peor, pero creo que no hay duda sobre la naturaleza del proceso. Por lo tanto, la diferencia no puede ser agregación vs selección. Y para ello da igual que esta selección sea a mano, artesanal, o automatizada en un algoritmo que, al final, meramente refleja los criterios prefijados por quien lo programó.

Contenidos propios frente a ajenos
La otra opción para diferenciar sería el origen de las noticias. Si son de producción propia o de terceros. Pero teniendo en cuenta el uso de noticias de agencia, de notas de prensa, cuando no el descarado plagio o las noticias sacadas de twitter o de youtube, es difícil decir que los medios tradicionales se limitan a la publicación de contenidos propios. Así pues, llegas a la conclusión de que agregadores, usuarios y medios hacen lo mismo, compartir una mezcla de contenidos de terceros seleccionados y propios. Obviamente esto no quiere decir que el valor de todos ellos sea el mismo, ni mucho menos, pero sí su naturaleza fundamental.

Volviendo al proyecto de ley. El artículo 32.2 dice:

Artículo 32.2.


La puesta a disposición del público por parte de prestadores de servicios electrónicos de agregación de contenidos de fragmentos no significativos de contenidos, divulgados en publicaciones periódicas o en sitios web de actualización periódica y que tengan una finalidad informativa, de creación de opinión pública o de entretenimiento, no requerirá autorización, sin perjuicio del derecho del editor o, en su caso, de otros titulares de derechos a percibir una compensación equitativa…

Coincido con Borja en que para ser prestador de servicios electrónicos tiene que haber lucro, lo cual debería excluir a los particulares. Ojo, como siempre poner publicidad o cobrar por lo que publicas es lucro. En ningún sitio se define que es un “prestador de servicios electrónicos de agregación de contenidos”. Se puede interpretar que es cualquier prestador que use contenidos de terceros. Esto es, la ley regularía cualquier uso de fragmentos no significativos de terceros por parte de cualquiera que publique en internet y tenga lucro. Y dice no signficativos, porque si son significativos, entonces ya no están sujetos a este Canon, sino que su uso tiene que ser autorizado previamente por la fuente.

Tal y como está redactado, afecta a tu blog si tiene publicidad, afecta a cualquier medio y también afecta a las redes sociales. Luego ya estará cómo se quiera interpretar y ejecutar esta ley y cómo actuen la o las entidades de gestión y hasta dónde pretendan ejecutarlo. El ejemplo de la SGAE no da precisamente mucha esperanza.

Canon AEDE para todos

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Hoy se ha aprobado en el Congreso la modificación de la Ley de Propiedad Intelectual, que incluye, entre otras medidas en su mayoría también bastante deplorables, el ya famoso CanonAEDE. En realidad no se ha aprobado en el pleno del Congreso, sino en la Comisión de Cultura, en teoría formada por Diputados expertos en estos temas. El nivel de conocimiento sobre la ley que votaban ha sido francamente patético. Pilar Portero y Ana Cañil lo cuentan con detalle en el Huffpo. Diputados que no sabían qué se votaba, que sólo podían responder generalidades, que se iban antes de terminar la votación porque perdían el avión, que se liaban al votar…

Ahora la ley irá al Senado y con casi total seguridad quedará aprobada. El proyecto del gobierno mal, pero las enmiendas planteadas por la oposición, con poquitas excepciones, casi peor. Una vez más no ha servido de nada la argumentación racional, la organización de los que nos oponíamos en la Coalición Pro Internet, la protesta en Twitter, el hablar con los grupos políticos… Se legisla por inercia, al dictado de lobbies y por acuerdos en las cúpulas de los partidos.

La ley entrará en vigor sí, pero ¿qué efectos tendrá? Por un lado es más que probable que Google cierre su servicio Google News en España para evitar verse afectado. No le genera ingresos directamente y no se puede permitir marcar un precedente para otros países en el que paga por él. Los resultados de su buscador general se harán ligeramente peores al no incorporar los módulos de Google News, lo cual, por otra parte, reducirá de forma importante el tráfico de Google que reciben los medios de AEDE. A los más pequeños, posiblemente hasta nos resulte mejor. Tenemos más visibilidad en el buscador general que en News.

Otros agregadores locales, como Menéame tendrán que mover la compañía fuera de España. Los medios de AEDE, grandes impulsores de esta ley, no verán un euro. Eso sí, conseguirán en buena medida reducir la capacidad de descubrimiento de fuentes alternativas de información que constituían los agregadores. Su papel lo asumirán agregadores de contenidos generados fuera de España a los que la ley ni les va ni les viene. Me puedo imaginar las risas en Reddit si les llega una notificación de Cedro para que les paguen por unos enlaces. Mucho hablar de emprendedores, de innovación y gaitas, pero a la hora de la verdad, no recomendaría emprender en medios en internet en España a nadie en su sano juicio. Si quieres hacerlo en español, mucho mejor desde México DF o desde Miami. Y si puedes hacerlo en inglés, mucho mejor.

Y AEDE no conseguirá ingresos, pero sí, como apunta Antonio Ortiz en un incisivo post en Xataka, que la visiblidad de nuevos medios sea menor. Que sea más difícil descubrir esos medios digitales especializados que dan mejores contenidos que los medios tradicionales. Y hará que las marcas tradicionales pesen algo más. Y dentro de un año, volverán llorando a pedir otra modificación de la ley con el argumento de que se mueren y que son el soporte de la democracia y otras zarandajas.

Más información:

El emprendedor, el tiempo y los valores, y por qué a veces correr es malo

reloj de la antigua estación de Canfranc

Ser emprendedor no es fácil. Muchas veces se ha escrito que si analizásemos fríamente las posibilidades de éxito que tenemos, los riesgos que asumimos y todo lo que implica, lo racional sería no intentarlo. Hace poco Iñaki Arrola recordaba que lo normal es que sea un camino largo de muchos, muchos años para llegar al éxito, si es que llegas. Y el camino no es fácil. Tienes muchas ilusiones, pero también muchas presiones. Y eso que hablo desde la experiencia de Weblogs SL, sin inversores externos, sin deudas bancarias y sin estar en bolsa.

El crecimiento, aunque lo hagas bien, no suele ser lineal. Unos años creces más, otros menos. Depende claro, de ti, pero también de muchos otros factores. De la evolución del entorno económico, de la marcha de tu mercado, de lo que hagan otros actores. Lo que era una propuesta diferencial hace un año, ahora ha sido igualada o superada por la competencia. En el nicho en el que tú tenías rentabilidad alta ha llegado alguien que prácticamente lo regala porque su negocio es otro, o porque genera escala como intermediario y le da igual qué pase dentro de tres años…

Y también hay muchos cantos de sirena. Mucha gente que viene a proponerte cosas que no te huelen bien, que no te parecen honestas o que sabes que no funcionan o que no son sostenibles. Yo me paso el tiempo diciendo que no a muchas cosas. Tener unos valores claros y compartidos desde el principio nos ha ayudado mucho a no meternos en más de un charco. Pero por aquí han pasado todo tipo de propuestas. Más de una vez han venido a ofrecernos salir a cotizar al MAB, por ejemplo. Nunca lo vimos claro. No veíamos a la compañía preparada. Veíamos muchos más inconvenientes que ventajas. Y, sinceramente, mucho más interés del intermediario de turno por facturar él que por ayudarnos a nosotros.

Seguramente en esto, como en el no haber aceptado financiación externa, ha influido mucho mi experiencia en Cluster Consulting tras la venta (internamente se decía “fusión”) a Diamond Partners, una consultora americana cotizada en NASDAQ. El problema no es la exigencia de transparencia o el trabajo añadido de proporcionar información a mercados e inversores. Es que condiciona fuertemente lo que haces. Dejas de pensar sólo en los objetivos de negocio (aumentar facturación y margen, fortalecer tu posición competitiva, fidelizar a los clientes, aumentar tu cuota de mercado) y empiezas a pensar en función de trimestres, presentaciones de resultados periódicas, reuniones con analistas, guidances, forward looking statements

Los analistas que siguen tu cotizada miran ciertas métricas intermedias para anticipar la evolución de tu negocio y estas pasan a ser gestionadas a corto plazo aunque ello suponga daño a largo para la compañía. Recuerdo perfectamente cómo en consultoría uno de ellos era el número de consultores en proyectos en el trimestre. Y cómo gestionar esa métrica nos llevó a tomar decisiones que vistas con perspectiva destruían claramente valor.

Recuerdo un equipo que tenía que hacer el plan estratégico anual de un cliente en principio en 6 semanas, y que 4 meses después seguí allí, aumentando facturación (con unos fees que hoy me parecen totalmente insensatos) y también la famosa métrica de consultores ocupados en proyectos, pero claramente haciendo que el cliente se enfadase con nosotros con mucha razón. Y que el año siguiente se facturase con él menos de la mitad. No digo que todas las empresas que están el bolsa sucumban a este tipo de prácticas, pero la presión está ahí, constante, todo el tiempo.

Obviamente todo esto viene a cuento del affair Gowex. Al final, ser más pequeño, crecer más despacio, desaprovechar algunas oportunidades no es sólo cuestión de ser más listo o más tonto. También de qué tipo de riesgos quieres asumir y qué tipo de valores mantienes y a cuáles renuncias. Y posiblemente haga que nunca seas un unicornio, que nunca valgas los famosos 1.000 millones. Pero también te permite dormir mucho más tranquilo y sereno. No te libra de que un día tu empresa no sea competitiva y tenga que cerrar o hacerse mucho más pequeña. Pero si sucede será porque no habrás sabido hacerlo, no porque hayas hecho trampas o hayas querido ir más rápido de lo que realmente puedes.

Foto | Reloj de la antigua estación de Canfranc

Uber y la desaparición del sector del taxi como lo conocemos

Uber Logo

Sigue el revuelo con Uber, como ya apuntábamos muchos, la protesta a nivel europeo contra Uber ha generado una estupenda campaña de notoriedad para la marca, incluso la ha puesto en lo alto de las listas de descargas en varios países, incluido España, dónde de momento sólo se puede usar en Barcelona.


Ayer publiqué un artículo sobre el tema, y a raiz de él tuve una intensa charla en twitter sobre el tema con varias personas, en especial con Miguel Angel Ferreira y con Angel Jiménez. Como Twitter no ayuda mucho a desarrollar argumentos largos, y se ve que mi post anterior no les convenció del todo, voy a volver a intentarlo con un segundo post que aprovecharé también para incorporar otras reflexiones interesantes sobre este asunto que he ido viendo.

Disrupción tecnológica


Lo primero que hay que tener en cuenta es que el conflicto se produce porque se ha producido una irrupción tecnológica que hace posibles formas de prestar el servicio de transporte de pasajeros por carretera en entornos urbanos (en corto “taxi”) de una forma más conveniente y más económica que la fórmula tradicional. Como apunta Remo en El Blog Salmón:
Cuando adquirir un coche en nuestro país era un privilegio, la limitación de licencias y la cobertura en transporte público mediante taxis podía tener sentido. Se presentó una revolución; la aparición del automóvil y se planteó un sistema para que toda la población pudiera acceder a este transporte de una manera regulada. Con la evolución económica y social, el coche pasó a formar parte del patrimonio personal de muchos, pero a la par que la economía ha ido creciendo y las personas aumentando sus desplazamientos por diferentes vías (avión, tren…) el taxi ha tenido siempre un hueco privilegiado dentro del segmento.

La forma más conveniente y eficiente en ese contexto tecnológico y social era la concesión de un número limitado de licencias en función del tamaño de la población a cubrir y de sus necesidades de desplazamiento. A su vez, se regulaba fuertemente para asegurar que funcionase en condiciones. Como se requería un vehículo identificado y dedicado en exclusiva, se restringía el ejercicio para incentivar la inversión necesaria (licencia, compra del vehículo, adaptación, taxímetro…).

Ahora mismo el uso de una aplicación con pago, valoración del conductor, información sobre el vehículo y la posición del mismo supera en utilidad a la fórmula tradicional. Si a eso añadimos el uso de vehículos privados, la ventaja de precio también es importante (luego hablo más sobre este punto). Pero la evolución tecnológica no se queda ahí, como apunta Marc Vidal, en unos años el modelo más conveniente y económico será el de coches autopilotados y la profesión de taxista dejará de existir a largo plazo, y a medio dejará de ser el paradigma dominante.

Incorporación al mercado de activos no profesionales


Este aspecto, al que me refería en el post anterior cuando hablaba de “activos ociosos” es uno de los cambios fundamentales que introduce internet en muy diversos sectores y a menudo no se lo considera en todo lo que implica. Resumiendo mucho lo que sucede es que se eliminan las barreras de entrada al mercado y ello permite entrar en él a muchos más actores que, además, tienen motivaciones y formas de actuar distintas de las de los actores tradicionales. En el entorno tecnológico anterior para poder prestar el servicio había que adquirir un vehículo modificado para que sea fácilmente identificable como tal. Con la app esto no es necesario. La necesidad de un vehículo en exclusiva y de pagar una licencia hace que ese activo tenga que ser explotado al máximo, bien con dedicación plena, bien con uso de varios conductores. El entorno tecnológico actual permite que particulares que ya tienen su vehículo particular adquirido para otras cuestiones y, por lo tanto, a estos efectos, ya amortizado, puedan obtener ingresos dedicando a ello el tiempo que les parezca oportuno.

Creo que es oportuno entender bien cómo funciona UberPOP. Como conductor te das de alta, te bajas la app para conductores, subes una serie de datos y básicamente ya estás. Tú decides en qué momento enciendes la app de conductor y te pones como vehículo disponible y cuándo no. Al terminar cada servicio la app te pide que valores al conductor/vehículo. Por debajo de una cierta nota media, Uber te retira el permiso para operar en su sistema.

Por lo tanto, estás incorporando al mercado muchos nuevos actores, sin costes fijos inciales, con costes variables muy limitados y con niveles de elasticidad al precio variables. Todo esto ayuda a que se pueda regular oferta y demanda de una forma mucho más eficiente y, por lo tanto, que se ajusten los precios con mucha más facilidad.

Surge pricing


La disponibilidad de un buen número de conductores on-off, permite también variar el precio en función del equilibrio entre oferta y demanda. En momentos en los que hay más oferta que demanda, más coches disponibles que clientes, el precio por kilómetro baja, lo que incentiva a la vez a los usuarios a optar por el servicio en vez de alguno sustitutivo y a conductores los conductores más sensibles al precio a desconectarse del sistema, con lo cual oferta y demanda se equilibran con cierta facilidad. En el supuesto contrario, más demandad de taxis que vehículos disponibles, el precio sube, desincentivando el uso del servicio por la parte de la demanda e incentivando a que conductores no activos, que reciben una notificación en su móvil, se activen para aprovechar un momento de precio más ventajoso para ellos. De nuevo, ambos comportamientos reequilibran rápidamente oferta y demanda. La apuesta por el surge pricing es una de las razones por las que Uber ha recibido una valoración tan alta en su última ronda.

Licencias


Todo esto está muy bien, pero muchos taxistas han pagado cantidades muy importantes por esas licencias y ahora pueden competir con ellos otros que no las han pagado. Esto es cierto, pero también que en torno a las licencias se ha generado una burbuja especulativa, que las consideraba un activo en constante apreciación con el que se podía generar importantes plusvalías. Como dice Remo:

Son muchos los taxistas que han conseguido una concesión administrativa perpetua y que en principio estaba limitada al uso personal, se terminó comerciando con ella sin rubor alguno. El pago por el derecho de uso de un servicio público y su transmisión ha dado pingües beneficios a muchos taxistas (y operadores de media y larga distancia) y también ha generado una carga de deuda importante en aquellos que han optado por endeudarse para asegurarse un servicio con unos ingresos relativamente estables y fáciles de hacer. Si sabes conducir y te sacas el permiso adecuado, cualquiera puede ser taxista.


Pero el paradigma cambia y el segmento del transporte, ve peligrar su status de operaciones en monopolio, en muchos casos porque tienen el futuro resuelto y los propios taxistas ven en el coste de la licencia su jubilación y en otros porque están endeudados hasta las cejas y si se acaba el monopolio de la licencia del taxi, se quedan colgados con la deuda y futuro incierto. El problema de origen, en permitir por parte del sector público la compra venta de licencias de transporte, en lugar de ponerles fecha de caducidad y que se revocaran en el tiempo.

Si ahora establecer licencias para taxis no tiene sentido, y mucho menos que sean de 100.000 euros o más, ¿qué hacemos? Es verdad que se produce un cambio de condiciones para los taxistas que genera inseguridad jurídica para los taxistas. Pero, si son licencias vitalicias, ¿cómo estableces un sistema para su desaparición paulatina? Parece poco posible. Y que el Estado indemnice creo que es todavía menos planteable. Lo que sucederá en la práctica con toda probabilidad es que el taxi se convierte rápidamente en una actividad menos atractiva, en vías de ser sustituida por la tecnología y que todas las inversiones en el mismo pierden valor muy rápidamente. Se dejarán de traspasar licencias a esos precios y, en algún momento, se admitirá la prestación del servicio sin licencia y luego se eliminarán estas directamente. Sí, genera perjuicios para los afectados, igual que cada vez que cada vez que activos muy valorados pierden súbitamente su valor cuando este era en buena parte artificial.

Regulación y seguros de responsabilidad


Lógicamente tampoco se trata de que la actividad quede totalmente sin regular. Si es necesario que haya unas reglas comunes que posiblemente incluyan un seguro de responsabilidad (que debería ser proporcional al volumen de actividad, porque si no volvemos a crear barreras de entrada artificiales) y alguna, pocas cosas más. La mayor parte de los controles que ahora se hacen vía regulación se pueden imponer de forma mucho más eficiente mediante el sistema de valoración de los conductores. Si el coche se cae a pedazos, enseguida los usuarios lo detectan y lo avisan.

Impuestos


En este asunto hay dos aspectos: los impuestos que paga Uber y los que pagan los conductores. Uber sin duda los paga por sus servicios, otra cosa es que según tenga volumen acabe pagándolos en Irlanda como el resto de multinacionales. Esto no es un problema de Uber, es un problema de la Unión Europea que permite el flujo de capitales y servicios, pero mantiene régimenes fiscales diferenciados. Y es tremendamente injusto con las empresas locales que no tienen la dimensión para que les merezca la pena pagar impuestos en Irlanda. Pero no es una cuestión específica de Uber.

En cuanto a los impuestos de los conductores, lo lógico es que los paguen, de nuevo en proporción a su actividad. El hecho de que todos los pagos se efectúen a través de Uber facilita enormemente su control e incluso que se efectúen las oportunas retenciones fiscales. No parece que vaya a redundar en diferencia en cuanto a pago de impuestos.

Posición competitiva de Uber


Este sí que es un problema más delicado. Como dice Juan Macías:


Esto es, si pones barreras de entrada grandes, como las licencias de taxi, al final se tarda mucho en saltárselas, pero el que consigue saltárselas es un bicho muy grande con el que luego es muy difícil competir. Es lo mismo que sucede si evitas los pequeños incendios que van limpiando el bosque, al final hay uno enorme que no es posible controlar por la cantidad de sotobosque que ha ido creciendo.

Hay algunos competidores de Uber con modelos más o menos parecidos (Hailo, Cabify), ahora, muy difícil competir con una empresa global, participada por Google, que además la ayuda activamente y que acaba de levantar 1.200 millones de dólares a una valoración de 17.000 millones de dólares. Pero bueno, desde luego la manera de competir con ella no es prohibiéndola y manteniendo un sistema de taxis que, en su estructura actual se está volviendo anacrónico por momentos.

Bola extra: Neelie Kroes: My view on today’s taxi protests and what it means for the sharing economy (vía @mattcutts).

Uber: aprovechando activos ociosos

Los taxistas en media Europa andan movilizados por causa de Uber. Otro sector económico en el que la tecnología trastoca las normas establecidas y genera competencia que compite con otras reglas.


Además del masivo efecto Streisand que consiguen ese tipo de protestas, a mí me llama especialmente la atención que estén en huelga los taxistas en Madrid, que es una ciudad en la que Uber todavía no opera.

Uber no está en Madrid

Todo esto se produce porque la tecnología permite ofrecer un servicio mejor (facilidad de contratación y de pago usando app) y mejor precio. El fundamento económico de esto es que se aprovechan dos activos que sin la tecnología era difícil aprovechar: el tiempo libre de individuos que no son taxistas profesionales y sus vehículos privados, que pasan la mayor parte del tiempo parados y sin uso. Esos bienes ya han sido amortizados para su uso particular, y como los costes variables, fundamentalmente la gasolina, son limitados, la capacidad de generar actividad económica a costes menores es alta y es disruptiva. No muy distinta de la disrupción que supuso para los medios la irrupción de bloggers amateurs.

Esto trastoca el funcionamiento tradicional del mercado del taxi, que está altamente regulado y es relativamente poco eficiente. Permite conductores de Uber-POP (el servicio de bajo coste con conductores no profesionales) que se dedican a ello sólo temporalmente, sólo algunos días o a algunas horas. De hecho en ciudades como Nueva York, en las horas de mayor demanda los precios por kilómetro suben con doble objetivo 1) Ayudar a equilibrar demanda y oferta aumentando margen a costa de volumen y 2) Aumentar la oferta atrayendo a más conductores a estar activos en esa zona y horario. El ser capaz de poner en el mercado unidades de trabajo fraccionales y no dedicadas a tiempo completo, que usan activos adquiridos con otros fines y ya amortizados, genera ventajas económicas muy significativas. También el no tener que adquirir una licencia de taxi, a precios muy altos y que, en muchos casos, reflejan el valor del monopolio que ahora se empieza a romper por la vía de los hechos y más adelante lo hará por la vía legal.

Jorge Galindo apunta bien en Politikon que muchos taxistas consideran el precio pagado por una licencia como una inversión y tienen en cuenta su valor de reventa. Como comprarse un piso para revenderlo. Cuando un mercado se liberaliza los bienes afectos al mismo anteriormente pierden valor porque desaparece la escasez de oferta. No hace mucho enlazaba un artículo en el que se explicaba que, vista exclusivamente desde el punto de vista económico, la abolición de la esclavitud supuso retirar del mercado activos de valor muy elevado para los que los acumulaban, que se resistieron a ello hasta tal punto que dicho cambio dio lugar a la guerra civil americana.

Es cierto que tampoco tiene sentido abrir el mercado sin más y abolir toda regulación. Hay elementos relacionados con la seguridad y con los impuestos que hay que considerar también para fórmulas como Uber. Ahora, habría que considerarlas sin crear trabas que imposibiliten el modelo. Por ejemplo, si un conductor sólo dedica unas horas al día o a la semana a esa actividad, debería poder contratar un seguro a medida que contemplase ese supuesto, o que incluso se pagase por viaje, o que el cliente pudiera optar por tenerlo (y pagar algo más) o no. Igual con imposición (salvo que sea optativa, claro). Las críticas respecto a la fiabilidad o la limpieza de los vehículos creo que no tienen base. El sistema de valoración de los conductores por los usuarios de este tipo de aplicaciones es mucho más eficiente para controlar esos aspectos que el sistema tradicional de licencias e inspecciones.

También escribe sobre el tema Enrique Dans | Uber: otra disrupción, y otra industria que no sabe reaccionar ante ella

Zumo de Twitter (3)

Como era de esperar, en cuanto ha apretado un poco el ritmo de trabajo, he tenido algún viaje y reuniones más o menos intensas, la regularidad de este post se ha venido abajo. Y para colmo estas semanas han venido muy movidas y con muchas cosas interesantes que han pasado, así que la lista va a ser bastante más larga de lo que debería ser habitual. Son seis semanas de enlaces y va a costar un día entero leérselo todo, pero prometo que es sólo una selección. Por otra parte he descubierto que con Storify se puede hacer este post mucho más rápido y mejor. ¿Por qué no me había avisado nadie?

 

 

Sobre la regulación de las redes sociales

Julio Alonso en eldiario.esAyer escribí para eldiario.es un artículo sobre este tema titulado: Trileros, tecnologías, críticas y bocazas. La tesis que defiendo es que se está aprovechando un suceso que nada tiene que ver con internet para intentar controlar un medio que está resultando el principal soporte a los poderes establecidos. Y esto lo está haciendo el gobierno y también un buen sector de la prensa tradicional, por motivos muy concretos.

Mi socio Antonio Ortiz comenta el asunto en error500: Límites a la libertad de expresión e Internet. En él, aunque admite estar de acuerdo conmigo en muchos de los puntos, mantiene que deben existir límites a la libertad de expresión en internet, aunque no se pronuncia sobre cuales deben ser. También afirma que blogs y twitter no son como la barra de un bar.

Empecemos por la libertad de expresión. Claro que hay límites a ella en internet y fuera. Esos límites tienen que ver con su convivencia con otros derechos. Lo que sucede es que la libertad de expresión está entre los derechos de mayor relevancia y protección. Por lo tanto, debe prevalecer en la inmensa mayoría de los casos. A lo que yo me opongo enérgicamente es a una regulación específica para internet.

En cuanto al argumento del bar, efectivamente, en internet se difuminan las barreras entre la comunicación  y la publicación. La comunicación la podía hacer todo el mundo y, normalmente, alcanzaba a pocas personas. La publicación solo la podían ejercer unos pocos (ergo controlables) y garantizaba una llegada mucho más amplia. En internet toda comunicación es publicación. Hay herramientas de publicación voluntariamente controlada, whatsapp, por ejemplo, pero lo normal es que sea publicación abierta. Esto supone que mucha más gente publique. Hace tiempo alguien me comentaba lo mal que se escribía ahora. Y yo le repliqué que se escribe mucho más y que, como dice Antonio, escribe mucha más gente. Y eso incluye a mucha gente que antes no se expresaba habitualmente por escrito. Es normal que la calidad media se resienta, pero creo que se gana mucho más de lo que se pierde. También es verdad que buena parte de los que escriben en internet no son conscientes de estar publicando. Sí lo somos los que tenemos cierta relevancia pública o los que nos dedicamos profesionalmente a ello. No lo es el chaval que usa twitter para comunicarse con 5 amigos y luego le siguen 20 bots y 30 cuentas falsas más. Y es mucho más consciente de publicar alguien que usa un blog que alguien que usa twitter o facebook que están conceptualizadas generalmente como herramientas de comunicación, no como herramientas de publicación.

En cualquier caso, ¿un blog o twitter son un bar? No. Igual que un bar no es una plaza, ni un estadio. A dónde voy es, de nuevo, a que no hay que hacer una regulación específica para internet. Como apunta Gonzalo Martín en un comentario al post de Antonio, sí se puede y se tiene ya en cuenta en la legislación el nivel de difusión que tenga un acto. De nuevo, en internet o en otro sitio. De hecho, es mucho más grave lo que se dice a diario en ciertas tertulias televisivas y radiofónicas y tiene en la mayoría de los casos mayor alcance, que lo que diga un chaval en su twitter.

Por último, Juan García introduce en otro comentario al post de Antonio el argumento de que no debemos admitir como adecuado que se digan ese tipo de cosas. No es correcto, ético o deseable, dice. Por supuesto. Pero es que no todos los comportamientos que socialmente nos parezcan indeseables han de ser fiscalizados por la ley. Primero porque a menudo no hay unanimidad sobre lo que es indeseable o no. La gente tiene valores y niveles de tolerancia muy heterogéneos. Por otra, porque ya existen mecanismos sociales que permiten hacer un reproche a ese individuo sin que tenga que intervenir la justicia. Por irme a un caso muy claro. A mediados del siglo pasado (y seguramente que hace menos también) en muchos pueblos pequeños estaba mal visto que una chica soltera tuviera un hijo. Y no estaba penado ni era delito. Sin embargo, se ejercía una presión social muy fuerte en ese entorno que hacía de hecho la vida imposible a quién infringía esa norma social. En internet también hay mecanismos parecidos. Bloqueos en twitter, borrado de comentarios, críticas abiertas y también publicadas…

Termino. Recordemos el principio de intervención mínima que debe regir el derecho penal. Sólo deben ser delitos los supuestos más graves y claros. Se debe legislar para los casos generales y no con casos particulares en mente. Se regula en general y para todos los supuestos, no para internet. Y, por último, hay que ser más tolerante y aprender a vivir con muchas cosas que a nosotros particularmente no nos gustan o hasta nos hieren.

A continuación, el texto completo de mi artículo en el diario.es:

 

Trileros, tecnologías, críticas y bocazas


Hay grandes maestros de la distracción. Gente que, cual trileros, consiguen que mires donde ellos quieren y no donde tú pretendías hacerlo. El mérito no está tanto en conseguir cambiar de dirección tu mirada, sino en el que tú no te des cuenta de que estás siendo manipulado. Entre nuestra clase política y parte de los medios tradicionales parecen abundar y tener un talento especial. El caso de la inexistente relación causal entre el reciente asesinato de una política del PP y las redes sociales es un ejemplo de libro.

Según todos los indicios, se trata de un crimen entre personas del mismo partido, por asuntos no ideológicos y que nada tienen que ver con internet o con las redes sociales. En Twitter se ha hablado mucho de ello. También en Facebook. También por WhatsApp o por email. Y también en persona en casa, en el trabajo y en el bar. Creo que hasta incluso por teléfono y por teléfono móvil. La gente habla de temas que le llama la atención independientemente de la tecnología que usen para ello.

Y entre los que hablan de prácticamente cualquier tema, hay gente que dice cosas sensatas con las que estamos de acuerdo y hay gente que dice cosas que también parecen sensatas, pero con las que no estamos de acuerdo. También hay gente que dice cosas insensatas y sin sentido, y luego están los que insultan, gritan y sacan el pie del tiesto. En Twitter, en el bar y por telegrama. La tecnología para esto es irrelevante.

Pero a raíz de algunos de estos comentarios, que son claramente minoritarios, buena parte de la prensa tradicional y el Gobierno con el ministro del Interior al frente se han levantado en armas pidiendo que se regulen las redes. Porque esto no es tolerable ni se puede consentir. Aquí aparece el trilero.Ya no hablamos de quién es el asesino ni de qué motivos le movían. Ni hablamos de qué pasaba en León o en el PP para que se acabe matando a alguien. Hablamos de que alguien en Twitter ha insultado o ha dicho barbaridades.

Creo que se ha dicho hasta la saciedad que las leyes ordinarias también aplican a internet. Aquella declaración de independencia de internet que escribió en 1996 John Perry Barlow no ha tenido efectos prácticos. Algo que sea delito en un bar lo es también en Twitter. Algo que no lo sea en un bar, tampoco debe serlo en Twitter. Internet no puede ser un territorio sin ley, pero tampoco puede estar sometido a un estado de excepción, a un régimen de libertades recortadas.

¿Que hay gente que dice barbaridades, incluso sobre nosotros? ¡Bienvenido al mundo real! Eso pasa en todos los ámbitos, todos los días. Y la mayor parte de esos casos no son delitos. Ni en internet ni fuera. Ante ellos, lo que hacemos es intentar aislarnos del sujeto que los lanza. Si alguien se dedica a insultarnos por la calle, pasamos por otro lado, intentamos evitarlo. En internet esto es todavía más fácil de hacer. En Twitter, que es un medio deliciosamente asimétrico, basta con bloquear a dicho individuo. Por arte de magia no volvemos a oír a ese sujeto. Seguirá diciendo lo que quiera decir, pero al igual que si lo dice en un bar al que no vamos, no nos enteramos.

La demonización de internet desde los medios tradicionales es un fenómeno que viene de antaño. En parte su causa es un profundo desconocimiento sobre su funcionamiento real. En parte es miedo a lo desconocido. También desconfianza hacia personas que se mueven en un entorno diferente al mío. Y, por último, interés directo en perjudicar a algo que se ve como el enemigo, como los que nos han quitado los lectores y los ingresos publicitarios. Hace cosas maravillosas, pero, es una bruja, es una bruja, ¡quemémosla!

La persecución de internet desde los poderes públicos es todavía más seria. Demuestra muy poco talante democrático. Poca tolerancia con las críticas o las opiniones contrarias o simplemente distintas. La definición por antonomasia de la libertad de expresión es la frase, erróneamente atribuida a Voltaire, que dice: “No estoy de acuerdo con lo que opinas, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a expresarlo”. ¡Qué lejos están muchos de ello! De hecho, están mucho más cerca de los planteamientos de Erdogan en Turquía cerrando el acceso a Twitter o de regímenes mucho menos democráticos.

Pero no es sólo eso. Esta polémica artificial es la excusa perfecta para conseguir otro objetivo. De nuevo el trilero. Internet es un entorno en el que no controlan la opinión. Hay una buena parte de la prensa tradicional que jalea al gobierno en este asunto. Hay otra parte de la prensa tradicional que hasta hace poco era algo más independiente y algo más crítica, pero todo eso ha sido resuelto rápidamente consiguiendo el cese de tres directores de periódico. Ahora hay que meter en cintura a la crítica desde internet. Y lo harán criminalizándola. Igual que pretenden criminalizar la protesta en la calle con la ley de seguridad ciudadana. Porque da igual donde sea, lo relevante es que se protesta y se critica. Y eso no puede ser. Que haya unos bocazas insultando en Twitter es la excusa perfecta.